martes, 16 de julio de 2013

La inconveniencia de desbloquear un Amigo Kit


Decidí hacer las diligencias necesarias para desbloquear mi teléfono prepagado “Amigo Kit de Telcel” y de esta manera utilizarlo con una tarjeta SIM de otra compañía. Este proceso que debería ser una tarea sencilla es en realidad un reflejo claro de las pocas intenciones de la empresa de hacer frente a la competencia.

El 23 de octubre de 2012 entró en vigor la Norma Oficial Mexicana NOM-184-SCFI-2012, o simplemente la “NOM-184”, la cual obliga a los prestadores de servicios de telecomunicaciones a desbloquear de manera gratuita los teléfonos celulares, a beneficio de sus clientes y sin importar que el servicio prestado sea prepagado o de contrato.

Mi búsqueda de información acerca de los papeles y requisitos para el desbloqueo comenzó en la página de Telcel, donde lo concerniente a la NOM-184 no se encuentra publicitado, no está en las secciones más visibles y no hay enlaces que direccionen rápidamente a la información.

Utilicé el buscador de Google con palabras clave como “Telcel”, “desbloqueo”, “SIM” y “prepago” y  obtuve datos útiles. Una revisión de la ruta del sitio www.telcel.com arrojó que la información se consigue yendo al menú “Nuestra empresa” y luego al enlace “Desbloqueo de equipos”. O yendo por la vía más sencilla, pero que no está a la vista: www.telcel.com/desbloqueo.

En mi caso, para liberar un equipo prepagado debía acudir a un Centro de Atención a Clientes, presentar la factura de compra, una identificación y una solicitud de desbloqueo impresa. Todo esto con la condición de que deben haber transcurrido al menos 6 meses desde que se realizó la activación del equipo con la “primera llamada registrada”.

Sólo para confirmar los requisitos decidí tener una conversación por chat con un “asesor”. Las respuestas automatizadas iban bien hasta que formulé mi pregunta: “¿Qué necesito hacer para desbloquear mi Amigo Kit?”. El asesor me pidió confirmar mi RFC o fecha de nacimiento y después de una larga espera me indicó: “No es necesario acudir al Centro de Atención, solamente ingrese a www.telcel.com/desbloqueo y siga los pasos”.

Le informé al Asesor que dicho sitio web establece que sí es necesario acudir personalmente y que solamente estaba tratando de confirmar la información. Tras otra larga espera el asesor se disculpó y me preguntó por el tipo de cobro que tiene mi línea, prepagado o de contrato, lo cuál se lo indiqué desde la formulación de la pregunta inicial.

Abandoné la conversación y contacté con un asesor vía telefónica. Por este medio la respuesta fue que “no es posible desbloquear el equipo” y que si había comprado un teléfono con Telcel solamente lo puedo utilizar con Telcel.

Decidí presentarme en un Centro de Atención con la factura y la identificación, ya que la solicitud de desbloqueo la obtendría y llenaría allí mismo. La encargada de entregar los turnos para recibir atención arrojó la misma respuesta: que ellos “no hacían eso” y que no era posible. Hizo falta explicarle que el sitio web de Telcel indica lo contrario y sugerirle sutilmente que no abundara más.

Estos son algunos ejemplos de las frases que utilicé cuando llegó mi turno con la asesora en el Centro de Atención de Telcel para tratar de hacerle entender mi solicitud, las cuales fueron infructuosas:

“Vengo a hacer la solicitud para desbloquear mi Amigo Kit”.
“Quiero desbloquear mi teléfono para poder utilizar una tarjeta SIM que no sea de Telcel”.
“Quiero quitar el bloqueo de SIM que tiene mi teléfono”.

La asesora no comprendía mi petición y llegó a preguntarme que si me habían robado el equipo, razón por la cual traté de ser más explícito:

“Compré un teléfono hace más de 6 meses, pero está bloqueado para que solamente lo pueda usar con Telcel. Cuando le pongo una SIM de otra compañía aparece un mensaje diciendo que no lo puedo usar. Quiero hacer la solicitud para que lo desbloqueen y así poder usarlo con otra compañía”.

Después de esta explicación la asesora no terminó de entender. Le expliqué cuál era el procedimiento que debía seguir para satisfacer mi solicitud: verificar que el nombre en la identificación y en la factura coincidieran, asegurarse de que el equipo haya sido activado hace más de 6 meses, entregarle la solicitud impresa al cliente para que la llenase en ese mismo momento y pedirle que esperase una llamada para confirmar la procedencia de la liberación del equipo.

Nada de esto le sonó familiar, así que decidió pedir ayuda y “preguntarle al Técnico”. La espera fue más larga que la que tuve con el asesor vía chat. Cuando volvió al mostrador, la asesora ya traía la solicitud impresa lista para ser llenada y el proceso parecía marchar. Solo que yo no tendría que esperar una llamada de confirmación, sino que el equipo se quedaría en servicio técnico desde ese momento y tomaría aproximadamente 30 días para ser liberado y devuelto.

Le informé a la asesora que según la información en internet el equipo se debe entregar a servicio técnico sólo hasta que el cliente recibe la llamada de confirmación, y que a partir de ese momento el Centro no debe tomar más de 5 días hábiles para devolver el teléfono.

La empleada confesó que aquella era la primera vez que recibían una solicitud de ese tipo y tuvo que ir a pedir ayuda de nuevo.  La mía era la primera solicitud para ella como empleada en casi 9 meses desde que el programa ha estado vigente por ley.

Después de hablar con el técnico por segunda vez la asesora rectificó y dijo que no era necesario dejar el equipo, que ellos se comunicarían conmigo o que, si prefería, podía dejar el teléfono y esperar a que tal vez lo tuviesen desbloqueado en 5 días. Decidí no dejar el equipo y esperar esa llamada.

Hoy es el día cero. Y experiencias pasadas me hacen presentir que esa llamada de confirmación nunca llegará.

¿Por qué Telcel dificulta tanto una solicitud que con compañías extranjeras sólo toma una llamada y el envío de un fax? Y una espera de 30 días con el equipo en servicio técnico: impensable. La liberación de un teléfono es una tarea sencilla que los mismos clientes pueden hacer con el código necesario y las instrucciones de cómo ingresarlo al teléfono. Pero con Telcel, no lo es.

Entre los empleados que están al servicio de esta compañía hay una desinformación general que dificulta y en muchos casos imposibilita a los usuarios ejercer sus derechos. Al final de cuentas ¿quién quiere pasar un mes sin teléfono celular? ¿Quién quiere ir a hacer filas a una oficina para obtener algo que un reparador de celulares hace en 15 minutos por $250 pesos?

Pero esto no es acerca de ahorrarse $250 pesos. Es acerca de una compañía que se resiste a aceptar el poder de los consumidores. Es acerca de un monopolio que cumple con la ley a medias, que no sabe competir y que dificulta procesos que deberían estar al servicio de sus clientes.

La lección es para nosotros los clientes. Las grandes empresas de telecomunicaciones en México encontrarán un contrapeso a su poder en la medida en que los clientes tomemos conciencia de que en nosotros radica una voz con peso real. Conocer los medios que tenemos para exigir mejores servicios y disponer de ellos es la vía para tener prestadores de servicios comprometidos.   

Y cuando son estos clientes quienes educan a los trabajadores acerca de cómo realizar su trabajo, algo anda mal al interior de las empresas. Pero lo peor del asunto es que nada de esto es accidental.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Restaurantes de Ocotlán son de "fin de semana"


Gerentes y empleados notan disminución de ventas entre semana

Los restaurantes del centro histórico de Ocotlán ven disminuida su clientela de lunes a viernes, mientras que los fines de semana representan los mejores días para el ingreso en los establecimientos.

Isela Verdugo, cajera de Santómas, negocio ubicado frente al Kiosco municipal explica la situación:

"Realmente el fuerte es el fin de semana, pero sí ha estado baja la venta últimamente, casi no hemos tenido gente. La semana pasada estuvo muy tranquila. Siempre que hay puente nos afecta, sale la gente fuera y nos afecta un poco. Y pues yo creo que la economía está baja de manera general, creo que es por eso".

Esta es una opinión que comparte Marcela López, gerente de Santino’s, ubicado a unos metros de Santómas:

"Este restaurante está muy aclientado. Entre semana está un poco más baja la venta, pero está bien, en general bien".

Isela Verdugo y Marcela López concuerdan en que sábado y domingo son los mejores días en ventas, pero los restaurantes donde laboran tienen clientela y temporadas de repunte diferentes. Mientras que Santómas se ve afectado de manera negativa por las fiestas del pueblo, Santino’s ve aumentadas sus ganancias cuando en Ocotlán se festeja al Señor de la Misericordia.

"Enero y febrero fueron muy buenas temporadas. Marzo se bajó, y creo que se bajó debido a las fiestas de San José. También cuando hay fiestas se baja la venta", indica Isela Verdugo, cajera de Santómas.

Marcela López, por otra parte, expresa que la mejor temporada son las fiestas: "Porque estamos aquí frente a la plaza. Las fiestas del Señor de la Misericordia,  en septiembre y octubre. Bueno, tres días de octubre pero sigue estando muy bien". 

Algún tipo de evento especial que atrajese a visitantes a Ocotlán  entre semana es lo que la gerente de Santino’s, Marcela López, considera una buena estrategia para aumentar las ventas. "Algún atractivo para jalar más gente. Algún evento. Como por ejemplo, la Expo mueblera trae gente a Ocotlán. Más o menos de ese tipo".


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En la Plaza del centro histórico de Ocotlán también se ubican puestos de comida en la vía pública, que complementan la oferta gastronómica para los visitantes y la gente local. Patricia Elías tiene 24 años vendiendo Hot Dogs en un carrito que estaciona frente a una farmacia.

¿Cómo va el negocio actualmente?

Pues muy bajas las ventas.
  
¿Desde cuándo?

Desde Semana Santa yo noté. Se bajaron las ventas.

¿A qué cree que se deba?

Pues a falta de empleos, hay muchos jóvenes sin trabajo. Padres de familia también. No hay trabajo. Porque inclusive vienen, quieren un perrito, pero no se lo pueden comprar porque no tienen dinero. Y a veces hasta me piden fiado porque no tienen dinero.

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La Secretaría de Promoción Económica (Seproe) ofrece servicios de capacitación para el trabajo y crédito a empresas de la región a través de la oficina ubicada en Plaza San Felipe, pero no es común que empresarios del sector restaurantero acudan a solicitar estos servicios, según explica Araceli Tabarez Rodríguez, coordinadora de la Región Ciénega de la Seproe:

"Los que acuden más aquí son los empresarios de las industrias y de los comercios. De servicios sí ha habido solicitudes, pero muy pocas. Yo creo que el 70 por ciento son comerciantes, algún 20 son industriales (muebles) y los demás son de servicios. Es muy poco".

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En México el 78 por ciento de los negocios que venden comida se ubican en un local establecido para este fin, mientras que el 22 por ciento está en un lugar semifijo en la vía pública o en un espacio de una vivienda destinado a la preparación y la venta de los alimentos, según cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática (Inegi).

Datos de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac) indican que la zona Ciénega cuenta con 800 restaurantes, ubicados en los municipios de Ocotlán, Chapala, Jamay, Tizapán El Alto y La Barca.

Las ventas totales de los restaurantes en México suman 183 millones de pesos y representan el 1.4 % del Producto Interno Bruto (PIB).

sábado, 25 de agosto de 2012

Descanse en paz



Finalmente te fuiste. Como si hubiese sido una muerte humana, lo hiciste cuando menos lo esperaba.

Después de tantos accidentes, decidiste perecer ante ninguno en especial. Otro día llegó al calendario y ya sólo mostrabas un mensaje de “bienvenido”, anunciando lo que sería más bien la despedida. Después, nada.

¿Cuántas veces caíste de mesas, escritorios y sillones? Caías para la sorpresa de todos, menos para la mía: sabía que resistías, que no pasaba nada más que algún rayón o raspadura.

Y los líquidos. Como aquella vez que recibiste sobre ti un “café del día, tall” entero. No ocurrió demasiado después, sólo actuaste raro un par de días y al tercero ya estabas de vuelta a la normalidad.

Así como el café fue el agua, los refrescos, las morusas, el polvo y todo lo demás que se podía escurrir o meter por tu superficie. No puedo decir que nada de esto te afectó en absoluto, pues con el paso del tiempo tus altavoces ya no sonaban, la tecla con la flecha abajo se tomó un descanso indefinido y tu mousepad perdía la cordura varias veces por hora.

Pero ningún agente extraño, de esos de los que advierten los manuales del usuario, podrían equipararse a los años de trabajo. En abril 2013 contaríamos el cuarto aniversario, pero apuesto que esos tres significaron cientos.

Anduviste de arriba abajo en mis innumerables viajes Ocotlán-Guadalajara-Tlaquepaque. Soportaste diferencias voltaicas americanas y europeas, sin ningún regulador. Te sometiste a tareas y programas que, por tu tamaño, nadie te creería capaz de realizar.

Por encima de todo esto, lo más importante es lo que te llevas guardado, lo cual dios sabe si se pueda recuperar. Te llevas el conocimiento preciso de una carrera universitaria casi completa y el recuerdo de los hechos que acontecieron en su transcurrir.

Recuerdos: cientos de fotografías, decenas de videos, artículos, publicaciones, conversaciones de mensajero, gente, lugares, momentos… Y el porno.


Dedicado al único artilugio tecnológico por momentos invencible, que jamás haya sido ensamblado en esta Tierra.

lunes, 11 de abril de 2011

El agujero clausurado


El sótano de los libros y las revistas es la antesala de lo que era el glory hole más grande de Guadalajara. También era el alivio para los cientos de compradores del Centro Histórico que no encontraban otro lugar para orinar.

La gente podía llegar pronta y pasar al baño directamente, sin siquiera hojear un poco las revistas, sin fingir una actitud de potencial comprador al que no se le debe negar un baño.

También era común la historia de aquellos presurosos por el uso del sanitario, pero que podían aguantarse unos minutos más y echaban un ojo a las publicaciones, para despistar a los guardias y a los vendedores del Sanborn’s que está en avenida 16 de Septiembre y Juárez.

Es desde septiembre del año pasado que este punto de encuentro ha ido perdiendo su fama. La administración decidió cobrar cinco pesos a cada persona que desee usar el baño y brindar el servicio gratuitamente a sus clientes, ya sea del restaurante o de la tienda, siempre y cuando acrediten su compra con la respectiva nota de venta.

Con la imposición de la cuota y el paso de los meses, el baño del Sanborn’s ha cambiado su ambiente. Ya no hay una larga fila de hombres esperando un mingitorio libre o un retrete. Ahora ellos pueden darse el gusto de elegir el que luzca más limpio. Pero las historias de aquel tiempo cuando el baño era gratis permanecen en la memoria.

Los cuentos urbanos de la Guadalajara homosexual apuntan al sanitario de este Sanborn’s como un lugar de ligue cotidiano y encuentros sexuales furtivos. Los hombres que deseaban descargar sus potencias seminales con la ayuda manual de otro varón se posaban frente al repertorio de revistas, fingiendo interés por alguna de ellas: Traveler, Expansión, Perros & Compañía, Vogue o 15 a 20, no les importaba mucho cual.

Sin prestarle demasiada atención a la lectura, los hombres examinaban a los demás alrededor. Una mirada de arriba abajo, un gesto cualquiera, una ligera inclinación de cabeza eran la invitación para irse al baño en compañía. Y listo, a través de uno de los agujeros gloriosos entre cubículos o de pie frente a los mingitorios (con la mano invadiendo al de un costado) era como los hombres conseguían sus placeres.

Francisco Mora, quien en la actualidad ofrece a los clientes las toallas para secar las manos y el jabón, relata:

“Yo no estoy en contra de ningún homosexual ni de preferencia ni nada, cada quién su cotorreo, pero se la pasaban allá en los libros, nomás viendo quién entraba. Y entraban y salían, y entraban y salían. Nomás estaban allí a ver si agarraban algo, checándose en los mingitorios. Y eso se acabó, ya no entran de esa gente, de esos chavos, sino que llegan directamente a lo que vienen. Eso estaba creando una fama bien enorme. A esta sucursal ya le decían Sanborn’s Gay por tanto chavo. Y ya no”.

En los lapsos entre que atiende a un cliente y al siguiente, Francisco explica que el servicio es más “exclusivo” a partir de que cobran por el uso del baño.

“Mucha gente todavía reniega. ¡Son cinco pesos, carnales! Un pesito más y te vas en el camión, pero aquí entras y todo está a tu disposición: jabón, papel hasta para llevarte a tu casa. Hay gente que le jala y le jala al papel y se lo llevan”.

- “Adelante joven, buenas tardes”. Y continúa:

“Si entras a cualquier otro baño público son tres pesos lo que te cobran, pero desde que entras te dan tus cinco pedacitos de papel y es tu bronca si alcanzas o no. Entonces sí es mucha la diferiencia”.

- “Suerte mi señor, ¡buen provecho!”.


Son cinco pesos que acabaron con el motel para exhibicionistas. Es positivo para quienes no desean ir a presenciar un espectáculo homo-erótico al baño, pero por el contrario algunos usuarios se quejan del cambio.

Carlos Ortiz tiene 32 años y es cliente de Sanborn’s 16 de Septiembre. “El otro día llevé mis revistas al carro y dije ¡Ay! me anda del baño. Entonces regresé y no me dejaron entrar”. Le negaron: “No, no, lo siento, no trae el comprobante”. Él respondió “¡Oye pero te acabo de comprar!”. Y opina: “¿Qué les pasa? ¿Por qué están generalizando? Puede haber gente que sí compró, pero que por alguna situación se le olvidó el ticket o se lo dio a un familiar. Si quiero entrar al baño y no me traje el ticket no me dejan pasar. ¿Y esos cinco pesos a dónde van? A la empresa. ¿Quién se está beneficiando? Ellos”.


Carlos también sabe del uso que se le daba en otros tiempos al baño que acaba de utilizar:

“A fin de cuentas la gente que entra al baño, entra a ligar, entra a lo que sea, pero también puede ser cliente. Y estoy seguro que la mayoría de los Sanborn’s pueden ser parte fundamental de un tipo de grupo, de homosexuales, de emos, de lo que sea. Somos clientes todos”.

Francisco Mora; el empleado y Carlos Ortiz; el cliente, tienen una breve discusión sobre las ventajas y las injusticias de que el acceso al baño sea restringido. Los clientes entran y salen ya sin detenerse a intercambiar miradas entre ellos. Mientras, el agujero que alguna vez sirvió de puente entre un miembro y otra boca, ya está clausurado con una placa y tres tornillos.

lunes, 14 de marzo de 2011

La hora de las bicis

Jóvenes se adueñaron de plaza comercial para exigir un ciclo puerto

La gente en Centro Magno bebía café, miraban los escaparates y subían las escaleras que conducen al cine. De pronto, dos, tres, seis, más de cuarenta ciclistas irrumpieron al interior de la plaza comercial.

Comenzaron a dar vueltas al Starbucks que está al centro de la planta baja, con el escrutinio de las miradas curiosas. Ellas, ellos y sus bicicletas subieron las escaleras eléctricas y se adueñaron de la atención de todos los visitantes. “¿Para qué es eso?” Se comenzaban a preguntar.

Los elementos de seguridad privada comenzaron a actuar. Uno de los guardias se abalanzó sobre uno de los ciclistas para tratar de evitar que este subiera con bici por la escalera automatizada.

“No puedes subir con la bicicleta” le decía el guardia al joven mientras trataba de evitar el ascenso de la bici. La poca fuerza del empleado no evitó que el ciclista y su medio de transporte llegaran hasta el tercer piso de la plaza. “Es que también soy cliente, es mi bicicleta” decía el protestante.

Los motivos del movimiento ciclista

Fernando Hernández, mejor conocido como Micro en las redes sociales fue al cine de Centro Magno hace aproximadamente dos semanas. Encadenó su bicicleta en una de las jardineras del exterior del centro comercial. Cuando salió de la plaza se dio cuenta de que le habían robado su medio de transporte.

Buscó una cita con los administradores para tratar el asunto, pero no recibió respuesta. Es por ello que decidió protestar y armar un Flash Mob, que es un movimiento de expresión donde personas se reúnen para apropiarse simbólicamente de un espacio público y así comunicar ideas a los observantes sobre lo que les gusta, apasiona, inconforma o contraría.

Por medio de Twitter y Facebook, Micro convocó a los ciclistas de la ciudad para que se dieran cita ayer a las seis y media de la tarde en Centro Magno, con cascos, coderas, canastillas, banderas con bicis pintadas y las mismas bicicletas, por supuesto. El objetivo; exigir a la administración de la plaza que instale ciclo puertos para que clientes como Micro, puedan realizar sus compras despreocupadamente.

La gente aplaudía, gritaba, echaba porras. Los más de cuarenta ciclistas recibieron el indiscutible apoyo de la clientela de Centro Magno. Pero el movimiento no fue del agrado de la seguridad, ni de algunos de los locatarios. Un joven encargado de una tienda de celulares expresó: “No está chido que metan bicis aquí”.

La discusión

Micro, mediante un altoparlante planteó dos opciones para el personal de seguridad, ante decenas de miradas que se asomaban por los balcones de los tres niveles de la plaza. “Una es que nos vayamos de aquí como llegamos porque no les caímos bien a los de seguridad y la otra es que nos den chance de consumir aquí con nuestras bicicletas adentro para que no nos las roben. Ustedes dicen”.

Fue en ese momento cuando comenzó una discusión entre Micro, el resto de los ciclistas y el personal de seguridad, en especial con Antonio Morales, que preocupado por su trabajo, les pedía a los manifestantes que sacaran sus bicicletas con frases como las siguientes:

“Es que es en serio, saquen las bicis allá afuera, no los estoy corriendo”.
“La manifestación se puede hacer de otra manera, no entrando en una plaza, donde es privado”.
“¡A poco nomás por una bicicleta robada estás haciendo esto!”.
“Los invitamos a que vengan a la plaza, a que consuman, a que se diviertan, pero sanamente”. A lo que Micro respondió: “¿Y venir en bicicleta no es sano?”.


Alrededor de las siete de la tarde arribaron dos policías de la Dirección General de Seguridad Pública de Guadalajara y Maricarmen Almaral, una de las administradoras de la plaza.

Los manifestantes ya se retiraban, pero a las afueras del centro comercial se sumieron en una discusión con los policías y la administradora. Los oficiales alegaban que esa no era la manera de expresar inconformidades a una empresa, que lo correcto era enviar cartas a la administración y Maricarmen Almaral sostenía por su parte que nunca recibió la visita de Micro para tratar de solucionar su problema por una vía menos llamativa que el Flash Mob.

Se van

Al grito de “¡Ciclo puerto, ciclo puerto!” los manifestantes abandonaron la plaza a las siete con diez minutos con dirección al Parque Revolución. “Allí vamos a estar conviviendo un rato”, expresó Micro por el altavoz.

2, 812 pesos fue el consumo total de los ciclistas en la media hora aproximada que estuvieron al interior de la plaza, cifra que sumaron con notas de venta de helados y cafés principalmente.



lunes, 21 de febrero de 2011

Los cuentos a la calle

Todos los domingos en la Vía Recreactiva las familias pueden asistir a escuchar narraciones al aire libre

La idea de llevar a las calles a autores como Agustín Yáñez y Jorge Ibargüengoitia es para sembrar en los niños y las niñas el placer por la lectura, así como para conocer las historias que a los pequeños les pasan por la mente.

Algunos sillones puff, un estante con libros que la gente e instituciones han donado, un micrófono y el indispensable Cuentacuentos es lo que compone el Faro de la Lectura, que se instala en el parque del Ex Convento del Carmen desde las 8:00 de la mañana hasta la 1:30 de la tarde.

Cuadro de texto: Fotografía: Daniel BadilloIsidro Delgado, profesor de secundaria y en la Universidad de Guadalajara es el encargado de narrar las historias. Sobre su trabajo en El Faro explicó:

“A mí me fascina el que nos estén acompañando y participando. Está lleno el espacio, a lo mejor porque tenemos poquitos lugares pero regularmente ha habido gente. Ellos se van contentos”.

Aseguró que adultos, niñas y niños disfrutan de escuchar cuentos, pero que el espacio de lectura también invita a los asistentes a escribir y compartir sus propias narraciones: “Aquí aparecen textos extraordinarios que podrían estar en cualquier libro de literatura. Eso es muy bueno”.

El Faro de la Lectura tiene visitantes ocasionales y otros que acuden cada domingo. Ana Luisa Medina (a la derecha en la fotografía, vistiendo una blusa rosa) acudió por primera vez y prometió volver con su pequeña hija.

Pero además, Ana Luisa tiene sugerencias para mejorar el espacio de lectura, el cual tiene dos principales deficiencias:

“La música (proveniente de las carpas vecinas a la de El Faro) no deja escuchar al narrador. Hay que respetar la zona, si es de lectura pues la gente se distrae. También un mejor sonido para que se aprecie mejor”.

Lo anterior lo expresó ya que el altavoz del que se vale Isidro Delgado el Cuentacuentos, se oye distorsionado y opacado por la interferencia de una señal de radio que se alcanza a percibir en segundo plano. Es una falla notoria, pero que según los encargados no ocurre con frecuencia.

viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Por qué nos 'encanta' Mc Donald's?


Deje de lado lo refinado

Cuando la gente lee reseñas de restaurantes en publicaciones especializadas y revistas de entretenimiento, lo que encuentra generalmente es publicidad disfrazada de reportaje. Dicha publicidad trata principalmente de lugares “refinados” y costosos.

En esta ocasión nos ocuparemos de un lugar costoso, pero no refinado. Mc Donald’s es el restaurante de comida rápida más famoso en el planeta. No hace falta remitirnos a estudio de mercado alguno o estadística; sino que alcanza con preguntarle a cualquier niño: “¿A dónde te gusta que te lleven a comer tus papás?” y la respuesta será casi inmediata, con una sonrisa de ilusión incluida.

¿Dónde puede encontrar un restaurante de estos? Prácticamente en todo México y el mundo. Tan sólo en la ciudad de Guadalajara, Mc Donald’s cuenta con 14 sucursales y seguirá abriendo más (cinco sucursales nuevas al día a nivel mundial, según gestiopolis.com).

Así se vive

Por si usted es una de esas rarezas que nunca ha pisado un Mc Donald’s, cuando se decida a hacerlo, vivirá la experiencia así:

Atrás de una serie de computadores color azul encontrará jovencitos y muchachas en vaqueros azules y camisas polo color rojo, con delgadas líneas en amarillo. Estos jóvenes de gorra lo saludarán mecánicamente y le preguntarán que es lo que desea ingerir.

Con la ayuda de las engañosas imágenes que están colocadas donde todo comensal las puede ver, usted se decidirá por una hamburguesa y sus complementos. El joven o la chica tratarán de persuadirlo (y esto siempre es así) para que usted se lleve una hamburguesa más grande, le agregue más ingredientes o disfrute un postre más calórico aún.

Es aquí donde entra la justificación de por qué decimos que Mc Donald’s es costoso pero no refinado. Lo que usted vislumbra como una comida sencilla puede terminar siendo “mejorada” por tocino, guacamole, algún pan especial y un McFlurry con un poquito más de galletas. Todo en tamaño extra, lo cual aumentará considerablemente la cuenta a pagar, la que le aconsejamos pague en efectivo, ya que si deslizan su tarjeta, le cobrarán cinco pesos adicionales al total.

Transcurridos cinco o diez minutos (cuando el restaurante no se encuentre copado de gente ansiosa de carne, de ser así la espera será mayor) su orden le será entregada, ya sea para llevar en una bonita bolsa de papel reciclado o para comer allí, en una charola plástica.

Nuestra experiencia

Para nuestro día de comida rápida elegimos el jueves porque es cuando los restaurantes de esta cadena ofrecen su mejor hamburguesa al precio más bajo: la Big Mac cuesta sólo 37 pesos, cuando en el resto de la semana el costo puede superar los 100 pesos, dependiendo de la ciudad y la ubicación de la sucursal (en zonas turísticas y aeropuertos todo el menú suele ser más caro).

Pedimos comida para el momento y para llevar. Pero ¿qué pasa? Las hamburguesas llevan cátsup, mostaza, mayonesa, salsa si se gusta. ¿Dónde están? Tenemos que advertirle que es usted quien debe pedir que le den estos sazonadores. Y lo tiene que hacer con la cantidad exacta de sobres, de lo contrario, no le darán nada.

Y llegó la hora de comer. Nuestras Big Mac reposaban en sus respectivas cajas de cartón. Al abrirlas descubrimos unas hamburguesas que nos sugerían cómo fue su proceso de preparación:

El pan, parcialmente caliente. En el fondo de la caja de cartón, algunos trozos de lechuga que no atinaron a caer dentro de la hamburguesa y denotaban la rapidez con que ésta fue preparada. La carne, como si una aplanadora le hubiese pasado a la vaca por encima: oprimida y triste.

Pero todo lo anterior importó poco al momento de dar el primer mordisco, bocado inaugural que le arrancó buena parte a la hamburguesa de una vez, lo que fue verdaderamente triste al dar cuenta de la fugacidad de sus proporciones. Ese aderezo Big Mac que los mortales no sabemos qué contiene, esa cátsup ácida que combina a la perfección, esas papas saladas en demasía que ingeríamos una seguida de otra hasta terminarlas todas. Es por ello que nos “encanta Mc Donald’s” como bien reza su eslogan.

Reconocemos que es malévolo, que lo que en países desarrollados es considerado comida barata y rápida, en México no lo es, ni lo uno ni lo otro, pero nos gusta. Nos gusta sencillamente por su sabor, ese dejo de Mc Donald’s en el paladar que caseramente jamás se podrá igualar. Sabemos que no es saludable, pero pocas cosas en la vida lo son, así que ¿por qué preocuparse?

Por esta y por mil razones más nos declaramos patológicamente enamorados de Mc Donald’s. Y lo seguiremos estando.