jueves, 27 de mayo de 2010

PSIQUIÁTRICO


Con la mirada fija en los enfermeros el joven pide que lo saquen de allí – Déjenme salir, no me voy a matar, no sean culeros ya- Está en el área que el personal llama Estancia Breve, donde llegan los pacientes en una fase crítica y son vigilados estrechamente por un periodo aproximado de 72 horas. En el Hospital psiquiátrico San Juan de Dios, sanatorio privado que le brinda servicio subrogado al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la jefa de enfermería, la Licenciada Angélica Gómez hace su recorrido, comenzando por la sección destinada a los varones.

Las habitaciones están alrededor, un jardín al centro y el área asegurada por rejas. Aquí es conducido todo paciente que ingresa por primera vez y al cual se le brinda atención primaria. Se valora si es que tiene problemas físicos y la magnitud de éstos. De ser considerables, se traslada al enfermo a un hospital general para que pueda ser atendido. Los que se quedan, son diagnosticados por el médico de guardia, para conocer si el paciente con problemas agudos tiene riesgo de hacerse daño a sí mismo o a otras personas.

-Sáqueme o le pongo unos putazos- le dice el joven a la enfermera Angélica. Los pacientes en esta área suelen estar inquietos, agresivos o delirantes, “A veces son días de que no hay conciencia” expresa la licenciada. El estado mental de los internos en ocasiones obliga al personal de enfermería a controlarlos por medios físicos: si hay una actitud agresiva, se les conduce a la Unidad de Terapia Intensiva, donde las camas tienen métodos de sujeción de extremidades, las camas están empotradas al suelo y donde las habitaciones son monitoreadas por cámaras de video. El procedimiento para sujetar a los pacientes tiene que llevarse a cabo mediante formalidades: “nosotros no podemos sujetar a alguien si no tenemos la autorización por escrito, si no está escrito tenemos que estarlo deteniendo hasta que venga, ahora con los Derechos Humanos, los tenemos encima, niégales algo y ya los tenemos encima con las demandas”.

La siguiente área, donde los internos pueden permanecer hasta que son dados de alta es denominada Estancia Media. Aquí tienen más libertad para moverse, ya que cuentan con un amplio patio. Alrededor de éste se encuentran un gimnasio, la peluquería y el cuarto de televisión, “aunque a la televisión no le ponen aprecio mas que cuando hay futbol” dice la licenciada Angélica. Algunos de ellos están dormidos en el pasto, otros caminan mirando al cielo, con sombreros de hielo seco, adornados con plumas verdes y pintura. Un hombre de suéter negro está en el bebedero. Con las manos se acerca agua a la boca, como si fuese a beberla, pero después las abre y el agua cae al suelo, repitiendo la operación constantemente. Otros más juegan ajedrez, mientras Ponchito, uno de los pacientes de mayor edad repite al caminar: “Ay ando penando. Ando como las ánimas en pena, ando como las ánimas en pena”.

En los últimos años, la población del hospital ha ido cambiando. Anteriormente, los pacientes hombres superaban en número a las mujeres, ya que los casos de alcoholismo detectados por el IMSS eran enviados a este hospital. Debido a la alta incidencia, los costos se fueron elevando. Ahora, cuando llega un paciente alcohólico se canaliza a la clínica que le corresponde y después se va a casa. Por otro lado, las principales causas de ingreso en la actualidad de pacientes hombres son los trastornos de personalidad, que son desviaciones de la conducta de lo que culturalmente se considera “aceptable” y las adicciones. Como consecuencia, la mayor parte de los internos de la institución son del sexo femenino. La jefa de enfermería considera que esto se debe a que las mujeres son más propensas a padecer enfermedades por la depresión. El maltrato familiar, la violencia en el matrimonio, la falta de comunicación en el hogar y la infidelidad son las causas de desordenes mentales que ella localiza como las más frecuentes en las mujeres que atiende.

José Alberto Jiménez es uno de los enfermeros encargados de los pacientes hombres. Lleva 3 años en el hospital y recuerda con añoranza sus primeras experiencias en el campo, en la Cruz Roja, en la “medicina general” como él la llama, donde en el área de urgencias él considera hay más acción. La rutina en el psiquiátrico le parece un tanto lenta, aburrida; repetir las mismas acciones todos los días. Aunque, confiesa, hay ocasiones en que la rutina se rompe y los pacientes se tornan muy agresivos y hasta han llegado a golpearlo, sobre todo cuando por alguna razón les suspenden la medicación: “Entran en un estado que dices: ¡De dónde sacó tantas fuerzas!

Además, tiene que ser muy cuidadoso de no involucrarse demasiado en los problemas del interno, porque puede salir afectado. Recuerda que sus compañeros le recomendaban “oír a los pacientes, no escucharlos”. Confiesa que muchas veces se ha “llevado los problemas de los internos a casa” y se acuerda que algunos enfermeros han pasado a formar parte de la institución, pero del otro lado, donde están las personas con trastornos mentales. A pesar de todo, también le gusta la relativa tranquilidad de su trabajo, suele ir al gimnasio con los pacientes, jugar fut-bol con ellos y hacer “desmadre”.

Estancia Prolongada se compone de un patio, el comedor y 10 habitaciones. Aquí se encuentran los pacientes con enfermedades crónicas y que han permanecido más tiempo en la institución que cualquier otro interno: Dianita, Raúl, Luis, Rosita y Gil. Aunque en esta área se encuentran los pacientes de mayor edad, las paredes del comedor están adornadas con balones de fut-bol con colores llamativos, creando una atmósfera particular, como si se tratase de un jardín de niños. Los enfermeros conocen bien a estos pacientes: Dianita tiene 49 años internada, cuando la sacan pide que la regresen, Raúl pasa la mayor parte del tiempo en el suelo, dando vueltas. Luis se golpea a sí mismo. En este momento Rosita duerme en su habitación, al igual que Gil, que acaba de sufrir una crisis convulsiva: “Gil está chiquito pero está sujeto, porque él muerde, él se va a las mordidas y te arranca el trozo” dice la enfermera encargada. Dos empleados, una enfermera y un religioso son los responsables de estos pacientes. “A ellos hay que estar bañándolos 4 o 5 veces al día porque no te avisan que van al baño, hay que vigilar su ingesta porque pueden tomarse un bocado entero y se nos pueden ahogar” expresa.

Ocurre con frecuencia que las familias de los internos ya no pueden pagar las cuotas del hospital, que oscila en los $500 pesos diarios por paciente, y debido a la estancia tan prolongada que algunos de ellos llevan, la familia deja de cubrir sus pagos. El hospital, en su calidad de institución católica también está comprometido a brindar asistencia social, y no se obliga a la familia a cubrir las cuotas, sino que se llega a acuerdos mediante un abogado, para determinar qué cuentas pueden ser saldadas y cuál sería un monto adecuado para que las familias sigan aportando dinero al sanatorio.

El lado izquierdo del hospital está destinado a las pacientes mujeres. La Clínica de Esquizofrenia atiende a 27, el cupo máximo. Ellas se caracterizan por ser de conducta impredecible, ya que la enfermedad implica una distorsión del pensamiento, llevando al que la padece a tener ideas delirantes, así como alteraciones en la percepción auditiva y visual. En la puerta de acceso al patio están dos internas, una es joven, de piel blanca y cabello trenzado. La otra es un tanto mayor y tiene la mirada fija en algún punto de la pared. – Déjeme salir, quiero ir con mi mamá- dice la joven, mientras la otra permanece inmóvil, con la boca semi-abierta. Las enfermeras tranquilizan a la primera y la conducen de nuevo al patio, discretamente.

Las escaleras afuera de la Clínica de Esquizofrenia conducen al área de Estancia Breve y Media de Mujeres, en donde los casos más comunes son trastornos afectivos: depresión, trastorno bipolar y en las pacientes más jóvenes, anorexia, bulimia y adicciones. Teresa Parra, Marta Tiburcio y Alicia Hernández son algunas de las enfermeras encargadas de la sección. Diariamente revisan los expedientes, administran medicamentos, llevan las dietas de las pacientes, y las conducen de sus habitaciones al comedor, al patio central y a realizar llamadas telefónicas, además de esto, les verifican la presión, los niveles de glucosa en sangre, las bañan, las limpian y asisten. Están con ellas y las vigilan en las 12 horas que dura su jornada de trabajo.

Alicia narra cuáles fueron sus impresiones cuando comenzó a trabajar con pacientes psiquiátricos; en un principio ella creía que los internos usarían camisas de fuerza y se moverían como zombis, pero al ingresar al hospital, cuando recién terminó de estudiar la carrera de enfermería, se dio cuenta de que no era así. En realidad, como ella lo relata: “el paciente necesita una atención especial, más que nada apoyo moral, porque casi la mayoría de las pacientes vienen por depresión, ahorita que es la enfermedad del momento”. Ella considera que cuando se es enfermera hay que “ser de todo”: terapeuta, trabajador social y hasta psicólogo, cosas que no se aprenden en la escuela, sino en la experiencia diaria en el hospital.

Marta Tiburcio recuerda particularmente aquella ocasión en la que su compañera Alicia le entregaba la guardia y hacían el cambio de turno. Recorrieron las habitaciones, una por una, hasta llegar a la número 6, donde se encontraba la interna con una sábana al cuello que colgaba del cortinero. Las enfermeras lograron intervenir a tiempo, Marta recuerda la mirada de la mujer mientras la conducían al área de observación: “Me veía con coraje, porque no consiguió lo que ella quería y para hablarme tardó como unos dos días”. En otra ocasión, con otra paciente, no tuvieron la misma suerte: “Se asfixió con una bolsa de plástico, se la puso, se la amarró y se quedó dormida. Ella no andaba diciendo – me quiero matar, me voy a matar, - ella se subió, tuvo visita de 1 a 3 y a la hora de bajarlas para andar en el patio, anduvimos tocando las puertas: -oye ya al patio, ya terminó la hora” y la sorpresa fue que la paciente ya estaba muerta” En esos casos, el cuarto se cierra con llave, hasta que el médico y el supervisor llegan. Si los demás internos preguntan, sólo se les dice que al paciente se lo llevaron a petición de algún familiar, o que fue dado de alta simplemente.

En lo que ellas coinciden, es que sienten una gran satisfacción al ver que los internos se van. Algunos regresan, otros se van para siempre. Saben que cada vez que un paciente reingresa, muestra un comportamiento diferente al que mostraba con anterioridad, siempre impredecible, casi como si fuese otra persona, que exige toda su atención. Todos esos días, en que parece que no logran ningún avance tienen su recompensa el día en que los ven caminando, relacionándose con los demás, observando libremente el mundo a su alrededor. El sentimiento que experimentan se reduce a una sola palabra: “Salió”.

lunes, 17 de mayo de 2010

YA NO ES UNA ENFERMEDAD

17 de mayo, Día Internacional Contra la Homofobia

Ya no es una enfermedad. Hace veinte años que una organización internacional de salud ya no la considera así. Alguna vez lo fue, así estaba tipificada. Hoy podemos decir que las personas homosexuales son normales y no enfermas como antes se pensaba. Sin embargo, tal ha sido la realidad que, a pesar de las acciones para minimizar los efectos de la homofobia en la sociedad actual, hay quienes se han construido su propia enfermedad a raíz del miedo al rechazo y por culpa de la necesidad de ser aceptados.

Hablo de aquel hombre que tiene más de cuarenta y cinco años de edad. Aquel eternamente soltero al que su familia critica por no haber formado una familia como todas. El hombre homosexual que se privó de vivir su vida con un hombre a su lado, ya que le enseñaron desde niño que aquello era incorrecto. Digo que hay quienes se han construido su propia enfermedad al saber de aquellos hombres y mujeres, que buscan la compañía casual de jóvenes, pensando que de esta manera serán rejuvenecidos, pensando que así obtendrán el afecto que ellos mismos se negaron durante toda su vida, y ahora sienten el peso del tiempo encima.

Enfermedad la que surge cuando un hombre se casa con una mujer y tienen hijos, aún siendo el varón homosexual. Enfermedad y conflictos mentales que serán provocados por llevar una vida de apariencias. Infección la que posiblemente le trasmitirá a su esposa, por satisfacer los deseos sexuales del hombre con otros hombres, trabajadores sexuales tal vez. Conflictos mentales que no serán exclusivos del marido, cuando su esposa se dé cuenta de las preferencias de su pareja y deba vivir con ello, en silencio, ya que toda su vida le han enseñado que debe permanecer con su esposo pase lo que pase, es su “cruz” y debe cargar con ella.

No hay que olvidar los problemas que viven hombres y mujeres jóvenes, que pasan innumerables experiencias negativas en la búsqueda de su pareja homosexual ideal, ya que tienen que hacerlo a escondidas y con el reproche de quienes están a su alrededor. Problemas que también vive el adolescente que es objeto de burlas en la escuela por mostrar actitudes que se consideran propiamente femeninas; la adolescente que vive las mismas circunstancias a la inversa y la obligación que ellos sentirán de burlarse de otros jóvenes para no ser descubiertos en su homosexualidad, buscando de esta manera ser aceptados.

Ideas aprendidas desde siempre, cual lecciones de hipnopedia, las que asimila el niño que una vez hombre defenderá sólidamente que mostrar sentimientos es exclusivo de las mujeres, el que es aprehendido si muestra alguna conducta que se desvíe de su “masculinidad”. Son ideas que se empiezan a formar, desde aquel día en que el pequeño debió olvidarse de la relación que había llevado con su madre para comenzar a ser “un hombre” y hacer cosas típicas de los varones, aunque éstas no le agraden.

No hay que olvidar la incipiente conformación de los roles de género, Está la niña que no debe jugar con cochecitos, pues será una “marimacha”. Están los niños que siempre deberán divertirse con juguetes bélicos y juegos bruscos, pues así deben ser ellos. Ese mismo niño que tiene prohibido jugar con las niñas, ya que no debe aprender actitudes que interfieran con el “macho” que será en un futuro. ¿Dónde comienza todo esto? Recordemos que desde bebés los varones van de azul, las niñas de rosado y son cosas que no deben cambiarse.

La homosexualidad ya no se considera oficialmente una enfermedad, toda la sociedad debe de saberlo. La verdadera enfermedad sería continuar viviendo así.

viernes, 14 de mayo de 2010

SIN TÍTULO


Es rudo y sensible a la vez. No todos pueden guardar tan celosamente un interior esponjoso bajo una cubierta rugosa y desafiante. No es un pan cualquiera. Me gusta imaginar que, en un principio, cuando él apenas dormía sereno, esperando a ser horneado, el panadero llegó. Amenazante, tomo su cuchillo y con cierto arte y delicadeza le infringió la herida en el lomo que haría al futuro Birote tan inigualable. Llagado, lastimado, mostrando sus entrañas, el Birote así comenzó a endurecerse. ¡Cuán rápido llega hasta su punto perfecto!

Pero no es el único, decenas de ellos aguardan el momento para ser enviados al mundo, a su canasta respectiva. No olvidemos que en toda sociedad, existe un afán por clasificar a sus habitantes por grupos. Ellos no son la excepción. Todas las etnias, todos los sabores, todas las formas, serán agrupadas según el fin que tengan: Salado, bola dulce, miniatura, aquel que tiene bajo él, esas bolitas tan iguales, perfectamente trazadas que se antojan arrancar una a una.

Pero no todo es felicidad: El birote también es receloso, vengativo. Si no le prestamos atención, si lo abandonamos aunque sea por un día, se vuelve duro, indócil, villano. Y entonces allá va de nuevo, pero ahora al horno de casa, para ablandarle de nuevo el corazón.

Aunque nos ha fallado, lo perdonamos. Está de nuevo en perfecto estado: tranquilo, vivo, humeante, dispuesto a complacer las más caprichosas fantasías.

lunes, 5 de abril de 2010

AFTERPARTY


Dos mujeres de largas pestañas y cejas pobladas nos reciben al entrar. Ambas fuman grandes cigarros de mariguana mientras intercambian miradas con algunos hombres que también se encuentran en la puerta. Es domingo al medio día y el ambiente en la calle se siente habitual, menos apresurado, hay pocos coches y sólo algunos comercios están abiertos. Es el centro de Guadalajara y las calles Prisciliano Sánchez Y Galeana.

Recientemente, Abraham González Uyeda, diputado del Partido Acción Nacional presentó una propuesta para cerrar bares y antros a las 2 de la mañana. González Uyeda justifica su proyecto diciendo que homologando el cierre de establecimientos donde se vende alcohol se evitarán accidentes viales. La propuesta aún no ha sido aprobada, e incluso se ha planteado someterla a consulta ciudadana para saber cuál es el horario que sugiere la población joven para el cierre de bares. Mientras tanto, en la ciudad operan lugares como este: Euro, un afterparty donde la fiesta comienza a las 6 de la mañana y se prolonga hasta bien entrada la tarde.

Entrar aquí es gratis. Entramos. No hace falta mostrar identificación alguna, ni acreditar la mayoría de edad. Tampoco nos revisan en nuestra persona, ni en nuestras pertenencias. El ambiente se va oscureciendo mientras avanzamos y un penetrante olor a mariguana nos azota el rostro al adentrarnos por completo. Poco a poco comenzamos a notar a los asistentes, La diferencia entre hombres y mujeres no se dispara, El aspecto de la mayoría es casual, algunos hombres visten camisas a rayas, varias mujeres usan vestidos cortos o shorts y gran parte de las personas usa lentes oscuros. Los que en realidad se distinguen son los asistentes travestis y transgénero: todos ellos, más de 10, son muy altos y su colmado maquillaje descubre una pasada masculinidad. La pista de baile está delimitada por pilares y arcos, es evidente que el local nunca fue concebido para ser un bar o club de baile. Hay concurrencia, aún así cualquier aficionado a los antros podría decir que el lugar está algo vacío. El local es amplio, hace un calor húmedo y la pista de baile es iluminada por intermitentes luces azules y verdes. Arriba hay menos gente, sólo una pareja de hombres dormidos que están sentados en el piso, el cual está mojado completamente y dificulta la tarea de subir las escaleras.

Desde aquí arriba podemos ver mejor al DJ, mientras comienza a sonar la mezcla de I’m in love, sube a la cabina un hombre vestido enteramente de blanco, porta un sombrero y plumas al cuello. Baila y sonríe a los asistentes, mirándolos desde su sitio. La gente comienza a bailar con más ánimo. Han dejado sus mochilas y chamarras en el piso, en pequeños montones. Frecuentemente vemos que las personas pasan y tropiezan con las mochilas, lo cual no los detiene y desaparecen más adelante entre la gente.

No tenemos ganas de orinar, pero hemos llegado aquí a observar cómo son los llamados afterparties y entraremos a conocer los baños. A un costado del sanitario de caballeros está un hombre sin camisa, frente a él un contenedor azul con botellas de cerveza vacías. Se esfuerza notablemente por vomitar sobre el bote, pero no lo consigue, sus ojos están llorosos, y se observa desconcertado. El piso del baño está aún más mojado. Del lado izquierdo se encuentra el sanitario de mujeres. Él (después de las cirugías, ella) entra al baño. La piel de su rostro es blanca, tiene largo cabello negro, senos extraordinariamente grandes, al igual que sus labios y sólo viste un sostén negro de encaje y una pequeña falda de mezclilla. Su abdomen exhibe varias cicatrices, muestra efectiva de una liposucción mal practicada. Es seguida por un musculoso hombre de jeans y botas vaqueras. La de senos prominentes espera frente al cubículo a que el musculoso termine de defecar. Fuma y bebe de su Indio mientras observa la punta de las botas del hombre, que se asoman por debajo de la puerta y revelan su actividad.

La atmósfera del sanitario es un respiro, adentro no se percibe el olor a cigarro. Frente al espejo una mujer retoca su maquillaje, se apoya en el lavado, que tiene una gran cantidad de largos cabellos negros. Mientras tanto, el hombre musculoso ya ha terminado sus necesidades y ha dejado el baño inhabilitado para su correcto uso. Esta misma operación la han repetido en dos ocasiones, tal parece que a él no le gusta dejarla sola cuando tiene que ir al baño y tampoco le agrada usar el de caballeros.

Al regresar a la pista sentimos ese mismo golpe de mariguana que percibimos al entrar al antro. Recorremos los rostros y vemos uno familiar. No sabemos su nombre, ni hemos hablado con él. Lo vimos por primera vez hace más de 12 horas, en un club nocturno: Siete Pecados. Es joven, de piel blanca, cabello rubio y usa una holgada camisa blanca. Su aspecto revela que ha estado despierto todo ese tiempo, posiblemente ha recorrido los antros de la ciudad, ha visitado por lo menos dos, los mismos que nosotros. Ha cambiado de compañero en al menos dos ocasiones, los dos hombres que hemos visto con él.

Ahora tenemos al lado a dos vestidas, como suelen llamarle en los círculos homosexuales a los hombres que visten como mujeres, más no han cambiado de sexo. Ambos visten diminutos shorts de mezclilla y aspiran cocaína de un pequeño tubo color plata, que comparten. Tratan inútilmente de esconderse en la sombra, pues las luces verdes iluminan sus esnifadas. A unos pasos de ambos, se encuentran dos hombres sin camisa, grandes y velludos. Uno de ellos está recargado entre los pilares y el otro le practica sexo oral. La gente no los observa, nadie los molesta, no los interrumpen.

Mientras esto aquello ocurre, una mujer obesa se acerca y disimuladamente trata de tocarnos. Nos apartamos. Trata de tocar a la mayoría de los hombres que pasan junto a ella. Sólo uno se ha interesado, joven moreno y bajo de estatura, viste una camisa casual a rayas azules. Bailan y se tocan. Sólo en ese rincón del local las personas han interactuado con nosotros. Nos sentimos incómodos y nos movemos de lugar. Frente a nosotros se encuentra la barra. Se exhiben algunas botellas de Gatorade, tequila Herradura y bebidas energéticas. Un letrero luminoso que anuncia Red Bull se ubica en el dintel. Lo que más sirven son cervezas, $10 pesos por botella. A un costado de la barra hay unas escaleras, que conducen a una pared de cristal y a una pequeña puerta blanca. Subimos, pero nos detiene el hombre de sombrero blanco que bailada junto al DJ: - Ahí no pueden pasar, es acceso restringido- dice mientras sube las escaleras apresuradamente, contoneándose a cada peldaño. Minutos después, un hombre notablemente alcoholizado, de manera extraña y agresiva se nos acerca y emite un sonido gutural, como si tratase de imitar el rugido de un león, se va.

El lugar se ha ido atestando. El calor se ha vuelto incómodo. Nuestra visita ha terminado. Me pregunto qué pasará con lugares como este si es que las reformas propuestas por el PAN se llevan a cabo. ¿A dónde irá toda esta gente? ¿Cómo es que conseguirán seguir con la fiesta? Seguramente encontrarán la manera.

jueves, 1 de abril de 2010

FRUTAS Y VERDURAS


A través de anuncios gráficos por la ciudad hemos visto cómo el Gobierno Federal incita a la población mexicana a consumir 5 frutas y verduras por día, una porción de cada color. “Las frutas y verduras mexicanas son económicas, ricas y sanas” expresa un cartel con la imagen de una amigable palma de mano. Se trata del programa “5 x día” el cual se encuentra a cargo de la Fundación Campo Educación y Salud A C y que se basa en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras al día.

Leticia Cruz vive con su esposo y 3 hijos. Compra frutas y verduras una vez por semana en un tianguis ubicado en la colonia El Sauz, en Guadalajara Jalisco. Tal parece que acaba de llegar al tianguis, ya que aún no carga con bolsas, y sólo porta una pequeña cartera entre sus manos. Del dinero que su marido le da para comprar alimentos y productos de limpieza, ella destina $100 pesos para frutas y verduras, que es la mitad del efectivo que carga para realizar sus compras. 100 pesos a la semana con los que supuestamente debe darle 5 raciones de estos alimentos a cada uno de los miembros de su familia, diariamente.

Quienes más consumen frutas son sus hijos. A pesar de que ellos no ingieren las 5 raciones diarias, las frutas y verduras en casa de la señora Leticia Cruz alcanzan para un máximo de 4 días a la semana. A veces tiene que comprar en el supermercado, “es un poco más caro, pero no toda la semana hay tianguis” En cuanto a las frutas de temporada, va comprando “cuando se van poniendo más baratas” Además, los precios que le ofrecen en el tianguis varían semana a semana y es desde el mes de diciembre que los precios se han mantenido en constante alza, según expresa.

La familia de Leticia gusta de comer plátanos, manzanas y guayabas. En cuanto a verduras, prefieren calabazas y chayotes. En el mismo tianguis donde ella compra sus alimentos el precio por kilogramo de plátano se ubica en $13 pesos, el cual contiene 6 piezas, las manzanas a $31.50 con 5 piezas y las guayabas a $17.50 el kilo, con 10 piezas. Por otra parte, las calabazas cuestan $20 pesos, con 4 piezas y los chayotes a $10 pesos por kilogramo, con 3 piezas.

Haciendo una prueba de experimentación, para que la señora Leticia Cruz le pueda dar a cada miembro de su familia las 5 raciones por día, combinando frutas y verduras de diferente color, todos los días de la semana, que es lo que el programa de alimentación establece, tendría que comprar 6.25 kilogramos de cada fruta o verdura que su familia prefiere: Guayabas, plátanos, manzanas, calabazas y chayotes. Es decir, tendría que gastar $575 pesos a la semana para cumplir con las raciones completas, un promedio de $115 pesos por cada tipo de fruta o verdura, casi 5 veces más de lo que actualmente gasta en este tipo de alimentos. Además hay que considerar que su familia no solamente se alimenta de frutas y verduras y tiene otras necesidades, las de todas las familias: vestido, transporte, educación, salud, etcétera.

Este es el caso en específico de una habitante de la ciudad de Guadalajara, pero ¿qué ocurriría con sectores enteros de la población si intentasen seguir el plan de alimentación de 5 x día? Según datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el salario mínimo en México se ubica en un promedio de $55.88 pesos por jornada. Un trabajador que percibe el salario mínimo con una familia similar en número a la de Leticia Cruz no tendría dinero de sobra si comprase toda la fruta y verdura necesarias, es más, ni siquiera le alcanzaría ya que le harían falta $183 pesos para cubrir las raciones. Por otra parte, no es la mayoría de la población la que percibe un salario mínimo. De acuerdo con estadísticas del propio INEGI, la población económicamente activa en el país percibe un salario promedio de $217 pesos la jornada, $1302 pesos a la semana. En teoría y continuando con el ejemplo de un hogar de 5 miembros, los jefes o jefas de familia con salario promedio deberían destinar un 44.16 por ciento de su salario semanal en frutas y verduras.

Entre las largas hileras de jitomates, puestos de piratería musical, ropa interior y juguetes, Leticia Cruz ya comenzó a buscar los mejores precios, las verduras de mejor calidad. Seguro llevará guayabas, la fruta que más le gusta a su hijo el menor. A pesar de todo “tiene uno que comprar, ni modo de no comer” dice ella con una resignada sonrisa.

miércoles, 13 de enero de 2010

PRIMERAS PLANAS

Es el que se dedica a tomarle fotos a los muertos. No, es el que toma fotos a las personas en los choques. Mi papá me dijo que es el que sale en el canal cuatro en Las Historias de la Noche. Todos ellos tienen una idea de lo que es el periodista. Niños de primer grado de primaria, que muchos de ellos han visto las cruentas imágenes que muestran las publicaciones de la nota roja en todos los puestos de periódicos de la ciudad. Una vez vi a un señor que le dieron muchos balazos y pusieron el dibujo encima. Son las imágenes que impactan a los niños y que les comunican la situación del entorno en donde viven, sin que esa sea la finalidad, claro está.

Trato de explicarles que son dignos de publicarse, los hechos más importantes que suceden en el país y en el mundo entero. De manera inmediata aparece la expresión de nuevo. Las fotos del señor muerto. Los que se murieron en el choque. De momento nos interrumpe un presunto ciego que vende bolsas para lápices de colores, así como es común que aparezcan personas inválidas en las escuelas vendiendo algún artículo o pidiendo alguna moneda. Viene acompañado de lo que parece ser una de las maestras de la institución. Después que el invidente se ha retirado, continuamos con la charla. Les platico acerca de los medios en que suelen transmitirse las noticias que se recogen día a día. Algunos de los papás de los niños ven los noticiarios en la televisión y ninguno de ellos compra el periódico. Con el periódico en sus manos los niños se emocionan cuando descubren que también aparecen impresas fotografías de sus equipos y futbolistas favoritos. El alboroto por las imágenes de aficionados del América y Pachuca en la sección de deportes del Ocho Columnas es demasiado y su maestro Israel tiene que imponer el orden.

Después de la pausa deportiva, Juan Ramón, de 7 años de edad, que cursa por segunda vez el primer grado, continúa describiendo ávidamente las imágenes que captan su atención cuando va por la calle y mira los puestos de periódicos. También le gusta ver las revistas de “muchachas encueradas” tal como lo delata su compañero de al lado. No le gusta ver las noticias en la televisión. Luego cambia de opinión y dice que no le gusta verlas cuando está acompañado de su papá.

Las publicaciones que se dedican exclusivamente a mostrar imágenes de accidentes, asesinatos, decapitaciones y demás entuertos se exhiben al público sin censura alguna, ocupando espacios privilegiados en las casetas de periódicos. Acciones para legislar acerca de la exposición de este tipo de material hemos escuchado alguna vez, pero nada concreto. Es verdad, el problema está allí, estos sucesos se presentan día con día, pero no se trata de ignorarlos o pretender que no suceden, sino de manejar la información y dedicar su exposición a quienes están deliberadamente interesados en dichos temas.

La naturalidad con la que hablan estos niños se contrapone con lo conflictivo de los hechos e imágenes que relatan. ¿Qué resultado tendremos si desde pequeños las personas se van desensibilizando hacia el crimen de manera que se convierta en sólo una cosa más de todos los días? Un estado de coma perpetuo en el que los futuros ciudadanos no exigirán el cumplimiento de las todas las acciones de seguridad necesarias en un país acostumbrado a ver sangre derramada.

domingo, 27 de diciembre de 2009

VENTE EN MI BOCA

Corrían los primeros años del nuevo milenio y la indocta euforia de las personas acerca del final de los tiempos ya se había disipado. Los sacerdotes en las iglesias ya no hablaron acerca de “estar preparados para los eventos futuros” ya que al fin y al cabo, las computadoras no se volvieron locas y todos seguimos aquí. El nuevo milenio comenzó y las personas se dieron cuenta que sus vidas en nada cambiarían.

Fue en esas épocas en las que la imperativa frase “Vente en mi boca” comenzaba a sonar en la escena underground del rock en la Ciudad de México. Lejos de querer hacer una reseña acerca de la música independiente en el país, o hablar sobre la trayectoria de
Las Ultrasónicas, banda femenina formada en 1996 responsable de dicha canción, dedico estas líneas a expresar lo que viene a mi mente al escuchar sus alborotadas guitarras, líneas que no podía titular de otra manera mas que del mismo modo en que se titula la canción.

Y es que el nombre se presenta tan resbaladizo y desvergonzado que funciona a la perfección para contraponerse con lo que mis 20 años de vida en este país me han demostrado: Las mujeres mexicanas tienen miedo de expresar sus deseos, especialmente cuando de satisfacción sexual se trata.

¿Por qué me atrevo a ser tan directo con esta sentencia? Las pruebas se me han presentado día con día: Cuando ellas titubean antes de pronunciar palabras como pene o sexo, aún en compañía de gente despreocupada y de confianza. Cuando son incapaces de responder si alguien les pregunta ¿Te has masturbado alguna vez? Y digo incapaces de responder no porque sea una pregunta indiscreta, sino porque ellas consideran que las mujeres no realizan ese tipo de actividades.

Constato que las mujeres mexicanas tienen miedo de expresar su sexualidad cada vez que entre ellas se recriminan cuando una se atreve a apartarse de las masas y expresa libremente sus deseos en cuando al sexo se refiere, de inmediato esa mujer es tachada de libertina y descarada. Lo verifico cada vez que los hombres son libres al hablar del cuerpo femenino y lo hacen de manera espontánea y sin restricciones. De manera contraria, son pocas las mujeres que no optan por decir “los ojos” cuando les preguntan qué parte del cuerpo del hombre les parece más atractiva. Es por ello, que un grupo de mujeres que alzan sus micrófonos para pedir lo que ellas quieren resulta refrescante, aunque el himno de nuestra generación, como Las Ultrasónicas se refieren a su Vente en mi Boca haya visto la luz por primera vez hace aproximadamente 8 años.

Claro está que hacer generalizaciones es incorrecto, pero es que esta situación de censura sexual es extensa y arraigada. Causas, podemos señalar muchas, tantas que sonaría a letanía de movimiento pseudofeminista: La iglesia, la educación en el núcleo familiar, los roles de género, la historia misma. Pero aplicar el juicio en esta cuestión cultural no servirá de mucho si lo que se busca es un cambio. El término movimiento será el más adecuado. Movimiento en las mentes, en las percepciones, en las ideas. Movimiento para abandonar las restricciones y dejar de ser Las mujeres que besan y tiemblan, parar de limpiarse la conciencia y dejarla pulcra hasta el punto en que se puede comer en ella. Es por ello que celebro que haya mexicanas que tienen la iniciativa de renunciar a los modelos establecidos cantando “te quiero saborear”, sin ninguna pretensión de denuncia social o tendencia feminista, sino sólo por el placer y la libertad de hacerlo. La confianza en ellas mismas y la firmeza en sus palabras conforman el valor de su trabajo, por encima de la musicalidad y capacidades vocales (no bucales) con las que cuentan, que dicho sea de paso, son de innegable inferioridad.

En fin, si esto es lo que se necesita para despertar del eterno letargo en el que muchas mujeres mexicanas viven sumidas, entonces los hombres deberían empezar a eyacular en las bocas de más mujeres y hombres en esta sociedad.
Escucha la canción en www.myspace.com/lasultrasonicas