lunes, 5 de abril de 2010

AFTERPARTY


Dos mujeres de largas pestañas y cejas pobladas nos reciben al entrar. Ambas fuman grandes cigarros de mariguana mientras intercambian miradas con algunos hombres que también se encuentran en la puerta. Es domingo al medio día y el ambiente en la calle se siente habitual, menos apresurado, hay pocos coches y sólo algunos comercios están abiertos. Es el centro de Guadalajara y las calles Prisciliano Sánchez Y Galeana.

Recientemente, Abraham González Uyeda, diputado del Partido Acción Nacional presentó una propuesta para cerrar bares y antros a las 2 de la mañana. González Uyeda justifica su proyecto diciendo que homologando el cierre de establecimientos donde se vende alcohol se evitarán accidentes viales. La propuesta aún no ha sido aprobada, e incluso se ha planteado someterla a consulta ciudadana para saber cuál es el horario que sugiere la población joven para el cierre de bares. Mientras tanto, en la ciudad operan lugares como este: Euro, un afterparty donde la fiesta comienza a las 6 de la mañana y se prolonga hasta bien entrada la tarde.

Entrar aquí es gratis. Entramos. No hace falta mostrar identificación alguna, ni acreditar la mayoría de edad. Tampoco nos revisan en nuestra persona, ni en nuestras pertenencias. El ambiente se va oscureciendo mientras avanzamos y un penetrante olor a mariguana nos azota el rostro al adentrarnos por completo. Poco a poco comenzamos a notar a los asistentes, La diferencia entre hombres y mujeres no se dispara, El aspecto de la mayoría es casual, algunos hombres visten camisas a rayas, varias mujeres usan vestidos cortos o shorts y gran parte de las personas usa lentes oscuros. Los que en realidad se distinguen son los asistentes travestis y transgénero: todos ellos, más de 10, son muy altos y su colmado maquillaje descubre una pasada masculinidad. La pista de baile está delimitada por pilares y arcos, es evidente que el local nunca fue concebido para ser un bar o club de baile. Hay concurrencia, aún así cualquier aficionado a los antros podría decir que el lugar está algo vacío. El local es amplio, hace un calor húmedo y la pista de baile es iluminada por intermitentes luces azules y verdes. Arriba hay menos gente, sólo una pareja de hombres dormidos que están sentados en el piso, el cual está mojado completamente y dificulta la tarea de subir las escaleras.

Desde aquí arriba podemos ver mejor al DJ, mientras comienza a sonar la mezcla de I’m in love, sube a la cabina un hombre vestido enteramente de blanco, porta un sombrero y plumas al cuello. Baila y sonríe a los asistentes, mirándolos desde su sitio. La gente comienza a bailar con más ánimo. Han dejado sus mochilas y chamarras en el piso, en pequeños montones. Frecuentemente vemos que las personas pasan y tropiezan con las mochilas, lo cual no los detiene y desaparecen más adelante entre la gente.

No tenemos ganas de orinar, pero hemos llegado aquí a observar cómo son los llamados afterparties y entraremos a conocer los baños. A un costado del sanitario de caballeros está un hombre sin camisa, frente a él un contenedor azul con botellas de cerveza vacías. Se esfuerza notablemente por vomitar sobre el bote, pero no lo consigue, sus ojos están llorosos, y se observa desconcertado. El piso del baño está aún más mojado. Del lado izquierdo se encuentra el sanitario de mujeres. Él (después de las cirugías, ella) entra al baño. La piel de su rostro es blanca, tiene largo cabello negro, senos extraordinariamente grandes, al igual que sus labios y sólo viste un sostén negro de encaje y una pequeña falda de mezclilla. Su abdomen exhibe varias cicatrices, muestra efectiva de una liposucción mal practicada. Es seguida por un musculoso hombre de jeans y botas vaqueras. La de senos prominentes espera frente al cubículo a que el musculoso termine de defecar. Fuma y bebe de su Indio mientras observa la punta de las botas del hombre, que se asoman por debajo de la puerta y revelan su actividad.

La atmósfera del sanitario es un respiro, adentro no se percibe el olor a cigarro. Frente al espejo una mujer retoca su maquillaje, se apoya en el lavado, que tiene una gran cantidad de largos cabellos negros. Mientras tanto, el hombre musculoso ya ha terminado sus necesidades y ha dejado el baño inhabilitado para su correcto uso. Esta misma operación la han repetido en dos ocasiones, tal parece que a él no le gusta dejarla sola cuando tiene que ir al baño y tampoco le agrada usar el de caballeros.

Al regresar a la pista sentimos ese mismo golpe de mariguana que percibimos al entrar al antro. Recorremos los rostros y vemos uno familiar. No sabemos su nombre, ni hemos hablado con él. Lo vimos por primera vez hace más de 12 horas, en un club nocturno: Siete Pecados. Es joven, de piel blanca, cabello rubio y usa una holgada camisa blanca. Su aspecto revela que ha estado despierto todo ese tiempo, posiblemente ha recorrido los antros de la ciudad, ha visitado por lo menos dos, los mismos que nosotros. Ha cambiado de compañero en al menos dos ocasiones, los dos hombres que hemos visto con él.

Ahora tenemos al lado a dos vestidas, como suelen llamarle en los círculos homosexuales a los hombres que visten como mujeres, más no han cambiado de sexo. Ambos visten diminutos shorts de mezclilla y aspiran cocaína de un pequeño tubo color plata, que comparten. Tratan inútilmente de esconderse en la sombra, pues las luces verdes iluminan sus esnifadas. A unos pasos de ambos, se encuentran dos hombres sin camisa, grandes y velludos. Uno de ellos está recargado entre los pilares y el otro le practica sexo oral. La gente no los observa, nadie los molesta, no los interrumpen.

Mientras esto aquello ocurre, una mujer obesa se acerca y disimuladamente trata de tocarnos. Nos apartamos. Trata de tocar a la mayoría de los hombres que pasan junto a ella. Sólo uno se ha interesado, joven moreno y bajo de estatura, viste una camisa casual a rayas azules. Bailan y se tocan. Sólo en ese rincón del local las personas han interactuado con nosotros. Nos sentimos incómodos y nos movemos de lugar. Frente a nosotros se encuentra la barra. Se exhiben algunas botellas de Gatorade, tequila Herradura y bebidas energéticas. Un letrero luminoso que anuncia Red Bull se ubica en el dintel. Lo que más sirven son cervezas, $10 pesos por botella. A un costado de la barra hay unas escaleras, que conducen a una pared de cristal y a una pequeña puerta blanca. Subimos, pero nos detiene el hombre de sombrero blanco que bailada junto al DJ: - Ahí no pueden pasar, es acceso restringido- dice mientras sube las escaleras apresuradamente, contoneándose a cada peldaño. Minutos después, un hombre notablemente alcoholizado, de manera extraña y agresiva se nos acerca y emite un sonido gutural, como si tratase de imitar el rugido de un león, se va.

El lugar se ha ido atestando. El calor se ha vuelto incómodo. Nuestra visita ha terminado. Me pregunto qué pasará con lugares como este si es que las reformas propuestas por el PAN se llevan a cabo. ¿A dónde irá toda esta gente? ¿Cómo es que conseguirán seguir con la fiesta? Seguramente encontrarán la manera.

jueves, 1 de abril de 2010

FRUTAS Y VERDURAS


A través de anuncios gráficos por la ciudad hemos visto cómo el Gobierno Federal incita a la población mexicana a consumir 5 frutas y verduras por día, una porción de cada color. “Las frutas y verduras mexicanas son económicas, ricas y sanas” expresa un cartel con la imagen de una amigable palma de mano. Se trata del programa “5 x día” el cual se encuentra a cargo de la Fundación Campo Educación y Salud A C y que se basa en la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras al día.

Leticia Cruz vive con su esposo y 3 hijos. Compra frutas y verduras una vez por semana en un tianguis ubicado en la colonia El Sauz, en Guadalajara Jalisco. Tal parece que acaba de llegar al tianguis, ya que aún no carga con bolsas, y sólo porta una pequeña cartera entre sus manos. Del dinero que su marido le da para comprar alimentos y productos de limpieza, ella destina $100 pesos para frutas y verduras, que es la mitad del efectivo que carga para realizar sus compras. 100 pesos a la semana con los que supuestamente debe darle 5 raciones de estos alimentos a cada uno de los miembros de su familia, diariamente.

Quienes más consumen frutas son sus hijos. A pesar de que ellos no ingieren las 5 raciones diarias, las frutas y verduras en casa de la señora Leticia Cruz alcanzan para un máximo de 4 días a la semana. A veces tiene que comprar en el supermercado, “es un poco más caro, pero no toda la semana hay tianguis” En cuanto a las frutas de temporada, va comprando “cuando se van poniendo más baratas” Además, los precios que le ofrecen en el tianguis varían semana a semana y es desde el mes de diciembre que los precios se han mantenido en constante alza, según expresa.

La familia de Leticia gusta de comer plátanos, manzanas y guayabas. En cuanto a verduras, prefieren calabazas y chayotes. En el mismo tianguis donde ella compra sus alimentos el precio por kilogramo de plátano se ubica en $13 pesos, el cual contiene 6 piezas, las manzanas a $31.50 con 5 piezas y las guayabas a $17.50 el kilo, con 10 piezas. Por otra parte, las calabazas cuestan $20 pesos, con 4 piezas y los chayotes a $10 pesos por kilogramo, con 3 piezas.

Haciendo una prueba de experimentación, para que la señora Leticia Cruz le pueda dar a cada miembro de su familia las 5 raciones por día, combinando frutas y verduras de diferente color, todos los días de la semana, que es lo que el programa de alimentación establece, tendría que comprar 6.25 kilogramos de cada fruta o verdura que su familia prefiere: Guayabas, plátanos, manzanas, calabazas y chayotes. Es decir, tendría que gastar $575 pesos a la semana para cumplir con las raciones completas, un promedio de $115 pesos por cada tipo de fruta o verdura, casi 5 veces más de lo que actualmente gasta en este tipo de alimentos. Además hay que considerar que su familia no solamente se alimenta de frutas y verduras y tiene otras necesidades, las de todas las familias: vestido, transporte, educación, salud, etcétera.

Este es el caso en específico de una habitante de la ciudad de Guadalajara, pero ¿qué ocurriría con sectores enteros de la población si intentasen seguir el plan de alimentación de 5 x día? Según datos que proporciona el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) el salario mínimo en México se ubica en un promedio de $55.88 pesos por jornada. Un trabajador que percibe el salario mínimo con una familia similar en número a la de Leticia Cruz no tendría dinero de sobra si comprase toda la fruta y verdura necesarias, es más, ni siquiera le alcanzaría ya que le harían falta $183 pesos para cubrir las raciones. Por otra parte, no es la mayoría de la población la que percibe un salario mínimo. De acuerdo con estadísticas del propio INEGI, la población económicamente activa en el país percibe un salario promedio de $217 pesos la jornada, $1302 pesos a la semana. En teoría y continuando con el ejemplo de un hogar de 5 miembros, los jefes o jefas de familia con salario promedio deberían destinar un 44.16 por ciento de su salario semanal en frutas y verduras.

Entre las largas hileras de jitomates, puestos de piratería musical, ropa interior y juguetes, Leticia Cruz ya comenzó a buscar los mejores precios, las verduras de mejor calidad. Seguro llevará guayabas, la fruta que más le gusta a su hijo el menor. A pesar de todo “tiene uno que comprar, ni modo de no comer” dice ella con una resignada sonrisa.

miércoles, 13 de enero de 2010

PRIMERAS PLANAS

Es el que se dedica a tomarle fotos a los muertos. No, es el que toma fotos a las personas en los choques. Mi papá me dijo que es el que sale en el canal cuatro en Las Historias de la Noche. Todos ellos tienen una idea de lo que es el periodista. Niños de primer grado de primaria, que muchos de ellos han visto las cruentas imágenes que muestran las publicaciones de la nota roja en todos los puestos de periódicos de la ciudad. Una vez vi a un señor que le dieron muchos balazos y pusieron el dibujo encima. Son las imágenes que impactan a los niños y que les comunican la situación del entorno en donde viven, sin que esa sea la finalidad, claro está.

Trato de explicarles que son dignos de publicarse, los hechos más importantes que suceden en el país y en el mundo entero. De manera inmediata aparece la expresión de nuevo. Las fotos del señor muerto. Los que se murieron en el choque. De momento nos interrumpe un presunto ciego que vende bolsas para lápices de colores, así como es común que aparezcan personas inválidas en las escuelas vendiendo algún artículo o pidiendo alguna moneda. Viene acompañado de lo que parece ser una de las maestras de la institución. Después que el invidente se ha retirado, continuamos con la charla. Les platico acerca de los medios en que suelen transmitirse las noticias que se recogen día a día. Algunos de los papás de los niños ven los noticiarios en la televisión y ninguno de ellos compra el periódico. Con el periódico en sus manos los niños se emocionan cuando descubren que también aparecen impresas fotografías de sus equipos y futbolistas favoritos. El alboroto por las imágenes de aficionados del América y Pachuca en la sección de deportes del Ocho Columnas es demasiado y su maestro Israel tiene que imponer el orden.

Después de la pausa deportiva, Juan Ramón, de 7 años de edad, que cursa por segunda vez el primer grado, continúa describiendo ávidamente las imágenes que captan su atención cuando va por la calle y mira los puestos de periódicos. También le gusta ver las revistas de “muchachas encueradas” tal como lo delata su compañero de al lado. No le gusta ver las noticias en la televisión. Luego cambia de opinión y dice que no le gusta verlas cuando está acompañado de su papá.

Las publicaciones que se dedican exclusivamente a mostrar imágenes de accidentes, asesinatos, decapitaciones y demás entuertos se exhiben al público sin censura alguna, ocupando espacios privilegiados en las casetas de periódicos. Acciones para legislar acerca de la exposición de este tipo de material hemos escuchado alguna vez, pero nada concreto. Es verdad, el problema está allí, estos sucesos se presentan día con día, pero no se trata de ignorarlos o pretender que no suceden, sino de manejar la información y dedicar su exposición a quienes están deliberadamente interesados en dichos temas.

La naturalidad con la que hablan estos niños se contrapone con lo conflictivo de los hechos e imágenes que relatan. ¿Qué resultado tendremos si desde pequeños las personas se van desensibilizando hacia el crimen de manera que se convierta en sólo una cosa más de todos los días? Un estado de coma perpetuo en el que los futuros ciudadanos no exigirán el cumplimiento de las todas las acciones de seguridad necesarias en un país acostumbrado a ver sangre derramada.

domingo, 27 de diciembre de 2009

VENTE EN MI BOCA

Corrían los primeros años del nuevo milenio y la indocta euforia de las personas acerca del final de los tiempos ya se había disipado. Los sacerdotes en las iglesias ya no hablaron acerca de “estar preparados para los eventos futuros” ya que al fin y al cabo, las computadoras no se volvieron locas y todos seguimos aquí. El nuevo milenio comenzó y las personas se dieron cuenta que sus vidas en nada cambiarían.

Fue en esas épocas en las que la imperativa frase “Vente en mi boca” comenzaba a sonar en la escena underground del rock en la Ciudad de México. Lejos de querer hacer una reseña acerca de la música independiente en el país, o hablar sobre la trayectoria de
Las Ultrasónicas, banda femenina formada en 1996 responsable de dicha canción, dedico estas líneas a expresar lo que viene a mi mente al escuchar sus alborotadas guitarras, líneas que no podía titular de otra manera mas que del mismo modo en que se titula la canción.

Y es que el nombre se presenta tan resbaladizo y desvergonzado que funciona a la perfección para contraponerse con lo que mis 20 años de vida en este país me han demostrado: Las mujeres mexicanas tienen miedo de expresar sus deseos, especialmente cuando de satisfacción sexual se trata.

¿Por qué me atrevo a ser tan directo con esta sentencia? Las pruebas se me han presentado día con día: Cuando ellas titubean antes de pronunciar palabras como pene o sexo, aún en compañía de gente despreocupada y de confianza. Cuando son incapaces de responder si alguien les pregunta ¿Te has masturbado alguna vez? Y digo incapaces de responder no porque sea una pregunta indiscreta, sino porque ellas consideran que las mujeres no realizan ese tipo de actividades.

Constato que las mujeres mexicanas tienen miedo de expresar su sexualidad cada vez que entre ellas se recriminan cuando una se atreve a apartarse de las masas y expresa libremente sus deseos en cuando al sexo se refiere, de inmediato esa mujer es tachada de libertina y descarada. Lo verifico cada vez que los hombres son libres al hablar del cuerpo femenino y lo hacen de manera espontánea y sin restricciones. De manera contraria, son pocas las mujeres que no optan por decir “los ojos” cuando les preguntan qué parte del cuerpo del hombre les parece más atractiva. Es por ello, que un grupo de mujeres que alzan sus micrófonos para pedir lo que ellas quieren resulta refrescante, aunque el himno de nuestra generación, como Las Ultrasónicas se refieren a su Vente en mi Boca haya visto la luz por primera vez hace aproximadamente 8 años.

Claro está que hacer generalizaciones es incorrecto, pero es que esta situación de censura sexual es extensa y arraigada. Causas, podemos señalar muchas, tantas que sonaría a letanía de movimiento pseudofeminista: La iglesia, la educación en el núcleo familiar, los roles de género, la historia misma. Pero aplicar el juicio en esta cuestión cultural no servirá de mucho si lo que se busca es un cambio. El término movimiento será el más adecuado. Movimiento en las mentes, en las percepciones, en las ideas. Movimiento para abandonar las restricciones y dejar de ser Las mujeres que besan y tiemblan, parar de limpiarse la conciencia y dejarla pulcra hasta el punto en que se puede comer en ella. Es por ello que celebro que haya mexicanas que tienen la iniciativa de renunciar a los modelos establecidos cantando “te quiero saborear”, sin ninguna pretensión de denuncia social o tendencia feminista, sino sólo por el placer y la libertad de hacerlo. La confianza en ellas mismas y la firmeza en sus palabras conforman el valor de su trabajo, por encima de la musicalidad y capacidades vocales (no bucales) con las que cuentan, que dicho sea de paso, son de innegable inferioridad.

En fin, si esto es lo que se necesita para despertar del eterno letargo en el que muchas mujeres mexicanas viven sumidas, entonces los hombres deberían empezar a eyacular en las bocas de más mujeres y hombres en esta sociedad.
Escucha la canción en www.myspace.com/lasultrasonicas

sábado, 12 de diciembre de 2009

LA LLEGADA

Daniel Badillo.
(Basado en el trabajo Cambios Extraños por Gabriela Toríz)


-Sí hija, ¡Muy pronto va a llegar! ¿Verdad que te vas a portar muy bien con él?- Pero esto no se lo explica, ¿Por qué deben tener otro niño en casa? La verdad es que la idea nunca la entusiasmo en lo más mínimo. Ver durante varios meses a Papá y Mamá hablando todo el tiempo sobre el bebé que estaba en camino, comprando juguetes y adornos para la que sería su habitación. La actitud de ambos había cambiado completamente, ¡Qué extraña se ve Mamá con sus amigas bebiendo soda en biberones! Todos en esa fiesta parecían muy entusiasmados hablando de Mario, como Papá decidió ponerle al nuevo bebé.

Después de algún tiempo, no recuerda cuánto, ella estaba en el patio de la escuela con sus amigas, jugando a perseguirlas, cuándo en medio de todos los niños entró su hermana mayor con una sonrisa ligera, esquivando a los niños que se divertían a su alrededor. –Tenemos que irnos, Mario ya está aquí.- No entendía porqué tenía que dejar sus juegos para ir al hospital con Mamá, en fin, el bebé ya había llegado, pero su hermana le tomó de la mano y dejaron la escuela, después de esperar algunos minutos afuera de la oficina de la directora, donde ambas mujeres seguramente trataban asuntos importantes.

Con todo ese desperdicio de tiempo su hermana decidió ya no ir al hospital y se fueron directo a casa. Estando la niña sentada en la sala, perdida entre los recortes de su libro de actividades, vio entrar a Mamá con una enorme y esponjada cobija azul, y a Papá con una maleta pequeña y varios papeles en la mano.
Corrió a abrazar a Papá como todas las noches cuando llega de trabajar, cuando finge que es un oso y aprieta sus mejillas con las de la niña, cuando ella siente la barba que le raspa y Papá la suelta después de un momento. Pero esa vez fue diferente: – Guarda silencio Gaby, tu hermano está dormido- fueron sus palabras. Desde ese momento supo que las cosas no serían iguales.

Es un intruso metido en su familia. Sólo escucha la voz de Mamá diciendo –por favor guarden silencio, guarda silencio- Odia esas palabras, ¿En realidad tienen que repetirlas todos los días? El olor a plástico está por todas partes, le quema la nariz. Le molesta que toda la casa esté tan cerrada, tan caliente, y lo peor de todo, parece ser que ella es la única que se da cuenta de todo esto. Parece ser que ella es la intrusa. Papá y Mamá no se dan cuenta que esa pequeña cosa trata de separarlos a ella y a sus padres. Sí, está segura, ese es su plan. Los separa cada noche que grita sin cesar, entre las atenciones incansables de Mamá. Le parece increíble que una criatura tan pequeña pueda llorar tan alto que hasta los vecinos de la colonia deseen que se calle de una vez. Ese bebé los separa a ella y a sus papás vez que ellos lo cargan, lo miran por largos ratos y no se cansan de cuidarlo, esa es la realidad.

Es El ladrón de Padres. No podría llamársele de otra manera. Sólo se calla si alguno de los mayores lo mima y lo mece constantemente, en ese momento su llanto cesa como por arte de magia. Esta nueva rutina no le complace. Ahora su papá no llega a casa para darle sus grandes abrazos de oso. Ahora está cansado y dice que sólo quiere dormir un poco antes de que el bebé vuelta a despertarse. Sólo le queda recordar los días felices cuando eran sólo sus papás y ella, y algunas veces su hermana mayor, cuando ella iba los fines de semana a visitarnos. Pero con la hermana nunca hubo mayor problema, ella es grande y tiene muchas ocupaciones, no tiene ningún reparo en compartir sus papás con ella.

Un día solitario, así como todos eran desde que El ladrón de Padres llegó, Gaby se acercó al cunero que se encontraba en la habitación al final del pasillo. Si no puedes con el enemigo, únete, pudo haber pensado la pequeña cuando decidió conocer a la criatura que había entregado tantos cambios en su vida, ya que hasta ese momento, se había negado a verle el rostro al desapacible Mario.

Un hombrecito duerme tranquilo entre sábanas. Al pasar de los días Mario ha resuelto pasar más horas en silencio. La tranquilidad de la habitación le hace pensar a Gaby cómo ese pequeño la ha hecho tan infeliz y no puede evitar hacer muecas mientras lo contempla.

Como suele suceder, perdió. Esa tarde pudo haber pasado escuchando los graciosos sonidos que el bebé hacía al respirar, descifrando el fuerte olor que emanaba de su cabeza, tratando de desempuñarle las manos de una vez. Perdió. Lo sabe y no se arrepiente, lo supo desde la vez que no pudo aguantarse la risa ante su nueva máquina de hacer burbujas salivales, desorientado y sin dientes. Quiere él sea su mejor amigo cuando sean grandes, y ella el de él. Mientras tanto será el guardián de sus sueños.


domingo, 6 de diciembre de 2009

EL PLÁSTICO SIEMPRE SE CONVIERTE EN BASURA

Está por llegar. Y con él, la desenfrenada carrera por ganar el último pavo vestido de plástico del refrigerador en Wal- Mart, ese mismo que eriza los vellos si se mantiene el brazo adentro demasiado tiempo. Y con él, la búsqueda incansable del muñeco de acción, ese visto tantas veces en los espacios comerciales, el que recrea nebulosamente la imagen de algún personaje en boga de la televisión, hecho de plástico, por supuesto.

Así es, Santa Claus is coming. Y con él las cegadoras fachadas de las casas, que presumen intrincados juegos de luces y adornos invernales, (también de plástico), mismos que sobrecargan el contacto eléctrico y pueden ocasionar una electrizante tragedia, Dios no lo quiera, ya que está a punto de nacer.

No hay duda, Santa Claus is coming y nada hay que se pueda hacer. Pero, ¿desde cuándo Santa Claus is Coming en inglés y desde una tierra remota hasta este lugar del mundo? ¿Desde cuándo comemos pavo congelado y compramos en Wal-Mart panes “italianos” made in Bolivia? ¿Por qué insistimos en crear atmósferas tan aberrantes a nuestro entorno, haciendo paisajes gélidos en recibidores y escaparates? ¿Cuándo descubrimos que el significado de esa fiesta es compartir un materialismo endoculturizado de importación?

La respuesta a esta última cuestión pareciera ser simple: Siempre ha sido así, al menos para las generaciones más jóvenes. Pero esa lata de Coca – Cola que baila sin cesar portando un minúsculo gorro rojo me hace pensar que las cosas no son así de simples. Tratando de encontrar algunas respuestas, mi atención se desvía y me pongo a averiguar de qué está hecha la campechana Coquita navideña. Sí, plástico fue el material elegido, en realidad sólo era para corroborar.

No hace falta ser un estudioso de las ciencias sociales, o aplicar métodos antropológicos de observación para percatarse que la sociedad mexicana está integrando constantemente conductas y costumbres originadas en el país vecino del norte. Pero lo verdaderamente lamentable de este asunto no es la falta de una identidad original como cultura y sociedad, sino que todas estas costumbres aprendidas se basan en el consumismo, la simpleza y lo material, son simple y burdo plástico.

Por otra parte, este año se ha caracterizado por ser un lapso especialmente desfavorecedor para quienes pretendan llevar a cabo una celebración. Resulta difícil, claro, cuando la sociedad se pierde cada vez más en una vorágine de conflictos y crisis económicas. Resulta difícil celebrar cuando no se vislumbra una salida a este problema, y peor aún, cuando cualquier pequeño punto esperanzador de progreso se aleja cada vez que la sociedad extiende su brazo hacia él. También resulta difícil celebrar cuando ni siquiera conocemos por qué celebramos. Aunque pensándolo bien, esta última cuestión nunca ha importado demasiado, sino que el chiste es celebrar.

Los típicos rituales decembrinos no nos han aportado nada nuevo en ninguno de sus capítulos, los que se transmiten una vez al año, (al menos, la industria de Papá Noel no ha decidido hacer una segunda o tercera temporada en cualquier otra época del año, algo así como “Navidad 2.0, vive el verano al máximo”)

Una vez más veremos cómo la ciudad se transforma en “La ciudad Navideña por excelencia”, como a alguna mente se le ocurrió, de manera arbitraria, para bautizar a Guadalajara. Veremos el centro histórico lleno de luces, colores, Nochebuenas, aparadores llenos de tentadoras ofertas y a una masa que no se empezará a preocupar sino hasta el mes de Febrero, cuando haya que liquidar su cuenta de ese lugar en el que “su crédito vale más que el dinero”.
Pero los ánimos no decaen, comeremos ensalada de manzana, haremos intercambio de regalos y beberemos ponche en posadas que sólo el nombre ostentan.

“Además de celebrar el nacimiento de Jesús, es hora de reflexionar, de ver qué hemos hecho bien en este año y cómo podemos mejorar en el siguiente” diría cualquier sacerdote al ser cuestionado sobre el verdadero significado de la navidad. La realidad es que poco importa el recién nacido para quienes buscar encajar en la sociedad, comprándole al hijo, a ese que tienen enfrente y les pide de comer cada día, el juguete que les ha solicitado afanosamente desde que lo vio por primera vez, en aquella venta pre- navideña del almacén de moda, allá por los tiempos del mes de septiembre.

Y sobre el 2010 y cómo podemos mejorar, cierto es que situar la mirada en los próximos meses resulta algo conminatorio e incierto. Considero esa una de las razones por las cuales la gente prefiere disfrutar en diciembre, y sufrir por lo menos por 5 meses después: “será otro año ya.” Algunos investigadores señalan que el mexicano contemporáneo celebra para desviar su atención de la crisis social, cultural y financiera en la que ha vivido toda su vida, toda la vida, y de esta manera poder sobrellevar la carga, pero habrá que preguntarnos: ¿Habrá alguna ocasión para analizar una forma para evitar una perpetua celebración en el México de nuestros días? Tal vez estemos demasiado ocupados recogiendo la basura y enmendando los estragos de la posada del día anterior, ya que el plástico siempre se convierte en basura.