lunes, 4 de octubre de 2010

¡Soy un pinche cochino depravado!


Asfixia

Poco más de un millón trescientos mil pesos tuvo el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes en Jalisco en este año para repartir a proyectos artísticos prometedores y de calidad. Uno de ellos es Asfixia, montaje teatral que se presenta en el Laboratorio Arte Variedades, LARVA.

La obra es un híbrido entre la producción audiovisual y el trabajo en escena. Su director, Eduardo Covarrubias explicó:

- Es un proyecto que desde hace dos años lo empezamos a trabajar, justo cuando estaba terminando la temporada de otra obra que se llamó Extraños. Yo con aquel montaje empecé a experimentar con este rollo de lo visual. Desde entonces dije ‘chispas’ tengo que retomar este texto que me pareció bastante interesante. Y lo armamos. El trabajo de adaptación duró casi un año, duramos casi ocho meses ensayando el montaje hasta llegar a este resultado-

Es la historia de Víctor, un adicto al sexo en recuperación, atascado en la fase cuatro de su tratamiento, donde tiene que hacer un inventario de sus parejas y prácticas sexuales. Es interpretado por el actor Andrés David en compañía de Lupita Ortiz, Imelda Sánchez y Roberto Picos. El personaje principal tendrá que enfrentarse a su pasado, a sus orígenes místicos y a la presencia de su madre en todas las facetas de su vida.

-¡Soy un pinche cochino depravado!-

Pero aquí el ser un pinche cochino depravado no es culpa de uno, expresa uno de los personajes interpretados por Lupita Ortiz. En efecto, Víctor y los demás adictos al sexo vivirán una transformación irreversible, que llevará al protagonista a ser desde Carlos Gardel hasta Jesús el decadente.

Este año el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA) ha apoyado mayoritariamente a diversos proyectos de artes plásticas, cultura indígena y letras. Los menos son los de teatro, música y artesanía. Covarrubias opina al respecto:

- Es un gran trabajo (el del CECA) un gran apoyo. Bueno yo qué te puedo decir, esta es la tercera vez que salgo beneficiado pero, por supuesto que siento que falta muchísimo más porque aquí hay mucho talento, hay mucha gente que está haciendo cosas y desde mi punto de vista es poco el recurso. Me parece absurdo que el Consejo Estatal de acá de Jalisco esté trabajando con un millón cuatrocientos, que es lo mismo que en el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) a mí me dieron para hacer un sólo corto que se llama Bajo Tierra, eso me parece verdaderamente lamentable - expresó el director del montaje.

A pesar del apoyo, el futuro de la puesta en escena es incierto. Se presentarán en el LARVA el sábado 9 de octubre y el domingo 10. Después de ello, la obra tendrá un receso:

-Todavía estamos en pláticas con Cultura UdeG, el año que entra mi objetivo es presentar una temporada, allí ya hay un plan pero todavía no está ‘amarrado’. Voy a tener que parar hasta que llegue a un arreglo con Cultura UdeG y si es así pues estaremos presentando todavía el año que entra-

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Hasta la victoria siempre, dijo el Che Guevara

En la plaza Juárez, donde suele colocarse el tianguis cultural de la ciudad los estudiantes sólo ocupaban la mitad de la avenida 16 de septiembre y el jardín de la Biblioteca Pública del Estado olía a orina. A las once de la mañana comenzaron a avanzar los cinco contingentes de universitarios en demanda de presupuesto para la casa de estudios pública del estado de Jalisco.

Policías sin pistolas, sólo macanas. Los de seguridad pública también funcionaron como agentes de tránsito. Las calles estaban habitadas prácticamente por policías y manifestantes. Los comercios cerrados, los funcionarios refugiados detrás de los cristales de sus dependencias, resguardadas por personal privado de seguridad, todos con cara de expectación. Así lucía la Procuraduría General de la República, la Secretaría de Cultura y la de Seguridad Pública. Las calles perpendiculares a la vía de la manifestación estaban desoladas también, el tránsito interrumpido también en éstas.

“Emilio, puñal, te coge el cardenal”

Uno de los argumentos del gobernador de Jalisco Emilio González para no entregar a la Universidad los recursos que ésta solicita es que la institución educativa no es lo suficientemente transparente en sus cuentas y que los funcionarios no invierten el dinero en el desarrollo académico, sino en proyectos de negocio, en especial en foros de espectáculo. Uno de esos foros es el Teatro Diana. Los manifestantes pasaron enfrente de éste recinto sin mayor desasosiego, mientras un hombre que portaba una mochila era aprendido por policías justo enfrente del Teatro, al cruzar la calle. El personal de seguridad pública (cinco policías varones y una mujer) le quitó al hombre dos grandes cuchillos, como de carnicero. Lo esposaron, lo sostuvieron contra la pared y revisaron sus pertenencias. En la mochila no encontraron alguna otra arma.

Donde se encuentra la Secretaría de Seguridad Pública comenzaron a aparecer los policías armados: pistolas, rifles, chalecos antibalas. Fue una cuadra más adelante donde se juntaron dos contingentes, para formar una masa conformada principalmente por tres centros universitarios regionales, uno de la zona metropolitana y tres preparatorias. Fue entonces cuando la avenida fue ocupada en su totalidad por los universitarios.

“Emilio culero, queremos el dinero”

Personal de la universidad con función de apoyo iban vestidos con playeras amarillas. Éstos se encargaban de mantener a la multitud en un grupo más compacto que desperdigado, por medio de lazos del mismo color. Uno de ellos, un hombre a bordo de una motocicleta se encargó de sacar de la manifestación a un anciano que deseaba participar:

- Usted puede apoyar, pero de aquel lado de la calle, váyase para allá.

El anciano usaba un bastón, ya que tenía una evidente dificultad para caminar debido a una deformidad en la pierna izquierda. El hombre de la motocicleta alegaba que el anciano estaba ebrio y no era conveniente que éste se integrara a la aglomeración. El protestante frustrado tenía una gran mancha en su pantalón, posiblemente de orina.

- ¡Pero si yo soy guerrillero!

- No señor, no puede estar aquí - Y le frenaba el paso adelantándose en su vehículo.

Ante la negativa del anciano de retirarse, el hombre en la motocicleta recibió el apoyo de un policía. Éste último fue más contundente y con palabras menos amables, lo obligó a irse.

¿Qué pasó señor? ¿Por qué no lo dejaron entrar a la manifestación?

- Que porque no soy estudiante- respondió el anciano.

Su nombre es Carlos. Continuó:

- No soy estudiante, pero ayudo a las luchas. Protestando contra el gobierno para que haya nuevas escuelas-

Carlos estaba más informado que algunos de los estudiantes que asistieron a la marcha, ya que algunos eran entrevistados por reporteros de televisión y al momento de ser cuestionados por el móvil de la manifestación, éstos no sabían qué responder y se enredaban con sus propias palabras.

El policía no le permitió al señor Carlos incorporarse ya que “se acababa de tomar una cerveza” según explicó. Y terminó:

- Hasta la victoria siempre, dijo el Che Guevara. Vamos a darle en su madre en el Palacio- refiriéndose al gobernador.

La congregación masiva se concentró en la plaza al frente del Teatro Degollado. Contingentes de preparatorias, centros universitarios y trabajadores de la Universidad entraban a la plaza en bloques de personas que parecían nunca terminar. La marcha se interrumpía por minutos, colmando un gran espacio cuadrado que parecía agotarse por minutos de recibir a tanta gente. Un estrado con apariencia más cercana a un escenario estaba al final de la plaza.

Profesores, trabajadores y administrativos estaban arriba del estrado acompañados por los presidentes municipales de Guadalajara, Tlaquepaque y Tonalá, así como por el rector de la Universidad, Marco Antonio Cortés Guardado y el escritor Fernando del Paso.

Sonaba en los altavoces dispersados por la Plaza Liberación:

“Estamos ante un grupo intolerante que no comprende a la comunidad universitaria. Un gobierno que ha desplegado una campaña de lodo para desprestigiar a la Universidad”

“No permitiremos que este gobierno de clase fascista trate de frenar el desarrollo de nuestra alma mater”

“Gobernador, ¡Escúchanos!”

Al terminar las participaciones al micrófono de algunos de los ocupantes del estrado, 3 Mother Funkers, un grupo musical comenzó a tocar y la masa a desintegrarse. Tomó cerca de dos horas para que las calles de Guadalajara comenzaran a tomar de nuevo un aspecto habitual, cuando los estudiantes regresaron a los autobuses que los condujeron a los puntos donde comenzaron la manifestación.

domingo, 26 de septiembre de 2010

EL BRILLO DE LA BOLERA



Cuatro son los puestos de aseadores de calzado en la calle donde se encuentra la presidencia municipal de Tlaquepaque, Jalisco. No pueden ser más, ya que son espacios que han estado allí por tradición, donde no pueden establecerse unos extras, debido a que la Asociación de Aseadores de Calzado de Tlaquepaque (una especie de sindicato) sólo permite que esos lugares se ocupen por un trabajador. Cuando éste ya no puede seguir laborando, el derecho de utilizar el lugar debe ser transferido a un familiar exclusivamente. Esta asociación es parte de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) organización que según sus propios estatutos busca defender los derechos humanos y constitucionales de sus trabajadores agremiados.

Juana Lourdes López Pérez es aseadora de calzado, es la única mujer en la fila de “boleros” del centro de Tlaquepaque. Lleva tres años en el oficio, es madre de dos hijas. Éstas son algunas de sus actividades y experiencias durante las jornadas que lleva a cabo.

Ella trabaja de lunes a domingo con un día de descanso, el miércoles. Entre semana llega a su puesto a las ocho treinta de la mañana y se retira a las cinco de la tarde, por lo regular. Los fines de semana se permite arribar un poco más tarde, pero se va a casa hasta las ocho de la noche.

El Ayuntamiento de Tlaquepaque le cobra a ella y a los demás una cuota cada tres meses por hacer uso del suelo, pero el cobro no se lo realizan a los aseadores directamente:

- De eso se encarga la misma mesa directiva de la Asociación, el pago de aquí del permiso y la renovación. Se le paga al sindicato y éste se “acomoda” con el Ayuntamiento - expresó Juana Lourdes, rodeada de sus cuatro sobrinas, niñas todas ellas excepto una, que ya vestía el uniforme de la escuela secundaria. Su hermana estaba allí también, en el puesto, acompañando a Juana Lourdes a la hora de la comida.

EN EL TRABAJO, ¿CÓMO VE LA SITUACIÓN EN LOS ÚLTIMOS AÑOS?

-Al principio uno no está aclientado, es lógico que es poco el trabajo que hay. Ahorita gracias a Dios ya está uno aclientado y a diferencia, pues sí está ahorita un poquito más bajito que el año pasado. Estuvo mejor el año pasado que ahorita- dijo Juana Lourdes mientras se rascaba un pequeño escozor que tenía en la mejilla, con las manos ennegrecidas por la cera.

¿CUÁL ES EL TIPO DE CLIENTES QUE TIENE MÁS A MENUDO?

- Pues es variable, pero lo normal son clientes entre veinte y treinta y cinco años los que más se vienen a bolear. Caballeros y damas también. Las damas vienen siendo de los cincuenta, sesenta años de edad, son las que más se bolean en mujeres-

Juana Lourdes dice que por día la visitan mínimo diez personas, pero es variable el número. La cantidad máxima de clientes que la llegan a visitar por día son cuarenta y cinco. Si utiliza tinta, el servicio cuesta $20 pesos, de no ser así, el costo es de $18. Los trabajos sobre calzado color claro son más costosos, ya que ella tiene que utilizar un tipo de tinta diferente, más cara y además el trabajo es más laborioso que con un calzado oscuro. Quiere decir que, en cualquiera de los días que asiste a trabajar, ella puede ganar entre $190 y $855 pesos, a los que tendrá que restarle el costo por el material utilizado.

En sus días de descanso, Juana Lourdes se dedica a las labores de su hogar. Atiende la casa, a su esposo e hijas. Su marido trabaja como vigilante en la tienda Milano, sus hijas están estudiando:

-Mi hija la más grande ya tiene quince años, ya no tengo que andar atrás de ella. La más pequeña sí, tiene seis años, va a cumplir siete. Ella sí, desde temprano que yo me vengo yo voy y la llevo a la escuela cuando tiene clases y ya que sale voy y la recojo, yo me encargo de ella siempre. La más grande se queda en su casa y ya que tiene que ir a la escuela, ella se arregla y se va. El día que yo descanso me dedico a lavar o equis cosa-

En ocasiones ha tenido la oportunidad para tomarse unos días y descansar. Le gusta el mar, le gusta que su trabajo no esté ubicado dentro de una gran empresa y que no tiene que ser “tan constante” Ella considera que una de las ventajas de su empleo es que no tiene un patrón, sino que el jefe es ella misma. De esta manera y cuando tiene dinero, puede tomarse vacaciones.

En Tlaquepaque y Guadalajara aún permanecen varios “carritos” de aseo de calzado. Es un oficio que se popularizó en la década de 1940, pero la mayoría de los trabajadores en estos dos municipios tienen en su actividad entre uno y cinco años de antigüedad. Los que más tiempo llevan “trapeando” calzado han estado más de cuarenta y cinco años, según datos arrojados por estudios del área de planeación del Ayuntamiento de Guadalajara. Estos estudios también exponen que un 82% de los lustradores en el centro histórico de la capital del estado han permanecido en el mismo lugar, además de que ellos suelen ganar entre $100 y $150 pesos diarios, a diferencia de la cantidad que gana Juana Lourdes en Tlaquepaque.

Ella no quiere comenzar con otro empleo:

-Me gusta mi trabajo y aparte yo defino lo que yo quiera ganar, depende de mí. Si quiero ganar bien, pues todo el día me la aviento. Pero si digo: “con esto ya la hago” a las tres o cuatro de la tarde ya me puedo retirar. No checo tarjeta, no me traen a la corre y corre, no ando en boca de los compañeros. No. Soy yo misma mi trabajo y estoy contenta con lo que hago-

lunes, 13 de septiembre de 2010

Mujeres y revolución


En los años anteriores al levantamiento armado de 1910, comenzó una transformación social e ideológica que se fue gestando hasta dar lugar a la rebelión armada del 20 de noviembre. Las mujeres tuvieron un papel importante en el antecedente inmediato a la revolución mexicana, participación que no suele recordarse en la Historia oficial, ni en las celebraciones, es por ello que señalaré su relevancia:

Es innegable, durante los treinta años que Porfirio Díaz estuvo al frente del país se lograron importantes avances económicos, principalmente en el sector de la industria, la minería y los ferrocarriles. Pero el progreso no benefició a todos: los campesinos eran despojados de sus tierras, para beneficiarse las compañías privadas y los hacendados, además de que los obreros realizaban jornadas de trabajo extenuante y mal remunerado. Con el desarrollo industrial fue necesaria la mano de obra de las mujeres, pero ello no significó un avance en materia de equidad de género, ya que sus derechos tampoco fueron respetados, ni se les brindó la seguridad laboral que se les debía otorgar.

Había inconformidad entre los más vulnerables, pero fueron los integrantes de la clase media (maestros, personas con alguna formación técnica y abogados) los que comenzaron a expresar públicamente sus inconformidades, mediante periódicos de oposición y huelgas.
En el año de 1907, sólo tres años antes del movimiento armado, el 78.29% del total de profesores en México eran mujeres 1. Si los maestros fueron de los primeros grupos en expresarse en contra del régimen, la estadística nos hace pensar que las mujeres ejercieron una influencia importante para que se llevara a cabo la revolución social.
Para ilustrar lo anterior, está el trabajo de Dolores Jiménez y Muro (1850 – 1925), profesora, periodista y defensora de los derechos. Redactó el Plan político -social de la Sierra de Guerrero, el cual es considerado el antecedente inmediato del Plan de San Luis (con el que Francisco I. Madero convocó a rebelión armada el 20 de noviembre de 1910)

Dolores Jiménez y Muro desconoció al gobierno de Díaz, buscaba la dignificación de los indígenas, estaba a favor de un aumento salarial a los jornaleros, buscó la reducción de la jornada laboral a 8 horas, se manifestó en contra de los monopolios y apostaba por el voto libre y la no reelección.

Realizó una doble lucha por la igualdad de derechos: los de las mujeres y los de la sociedad mexicana en general: “Es tiempo de que las mujeres mexicanas reconozcan que sus derechos y obligaciones van más allá del hogar” manifestó en una protesta el 11 de septiembre de 1910 en la Ciudad de México. Después de unirse al zapatismo como oradora y profesora, Victoriano Huerta la encarceló. Sus últimos días los dedicó a escribir en la revista El correo de las señoras.

Una revolución de ideas. Las mujeres como Dolores Jiménez y Muro influyeron de manera determinante en lo que sería el proceso revolucionario en México, labores y logros que deben comenzar a ser reconocidos por la Historia del país.

viernes, 9 de julio de 2010

N.R.D.A


Solamente hay tres lugares en Guadalajara a los cuales mis amigos y yo nos hemos prohibido visitar de nuevo. Tres: el antro otrora llamado Azul, el parque de diversiones Selva Mágica y el popular y conocido “Caudillos disco-bar.” El primero en nuestra lista de lugares vetados entró en ella ya que en alguna ocasión el alcohol que allí ingerimos estaba tan adulterado que nuestros cuerpos y ánimos terminaron en una banqueta, intoxicados. Daniel Ríos, amigo mío desde los años de la preparatoria no corrió con tanta suerte y además fue golpeado y asaltado justo enfrente de la entrada del antro. La última vez que fuimos al parque, Selva Mágica nos hizo pagar casi ciento cincuenta pesos por el derecho a utilizar todas sus atracciones, así que para aprovechar el costo de entrada estuvimos todo el día de un juego mecánico a otro y subiendo a los mismos en incontables ocasiones, de esta manera sentíamos que se nos hacía justicia por el dinero desembolsado. Terminamos tan agotados y adoloridos que prometimos nunca volver a someternos a semejante experiencia.

El último en la lista es Caudillos, que será del que me ocuparé más ampliamente en esta ocasión. Decidimos no volver ya que se trata de un lugar poco agradable a la vista y donde es común sentirse vulnerable y en peligro. La casona que fue convertida en centro nocturno cimbra con los bailes de tanta y tanta gente a la vez, dando la idea de que en cualquier momento va a colapsar. Los asistentes son de los más variados orígenes y características: hombres y mujeres heterosexuales, homosexuales, transgénero, travestis, parejas, personas solitarias, grupos de amigos…Siendo un poco más simple, decidimos no volver porque no nos gustó.

Pero no era fin de semana, estábamos apenas a la mitad de ella y éramos los únicos que quedaban en un bar de la calle López Cotilla, Sunrise. Era la una de la mañana y el grupo de amigos quería seguir con la fiesta: Andy, diseñador de moda, David, productor de programas para la televisión, Memo, vendedor de relojes en una plaza comercial, Adrián, estudiante de teatro, Alejandro, estudiante de psicología y yo, estudiante de periodismo. Todos sabíamos bien que hay un solo lugar al que se puede ir a bailar y beber entre semana, en el centro de Guadalajara: Caudillos.

Si no le contábamos a nadie, sería como si nunca hubiese pasado y el pacto quedaría intacto. “Todos en una sola fila” nos dijo uno de los empleados a la puerta del antro. Encabezando estaba Alejandro. Otro empleado le pidió mostrase su credencial del IFE. Alejandro, buscando inútilmente en sus bolsillos sólo atinó a encontrar su credencial de la escuela, a lo que el encargado dijo que esa no era una identificación válida. Memo al escuchar esto lanzó un comentario hacia los que estábamos atrás en la fila: “Cómo no va a ser una identificación válida, si es de la universidad, obvio tiene más de dieciocho años”.

“Ve a imprimir tu CURP y con eso entras” dijo el hombre de la entrada con tono desenfadado. “Aquí está el ciber a una cuadra”. Habiendo regresado con el documento de Alejandro, procedimos a hacer la misma fila de antes. “No puedes pasar porque traes tenis, además tu compañero (refiriéndose a Memo) se está portando muy… muy… muy arrogante” exclamó el empleado cuando por fin encontró la palabra que buscaba. Todos nos quedamos muy asombrados, ya que esa excusa la pudo haber dicho antes de ir a imprimir la identificación solicitada, además de que Caudillos no es un lugar que restrinja el acceso a las personas en base a su vestimenta, lo cual está en contra de la ley y sin embargo sucede en la mayoría de los centros nocturnos de la ciudad. Pero en este no, en este la vestimenta no importa, incluso hemos visto indigentes al interior en otras ocasiones, los que obviamente no usaban los mejores zapatos.

“No mames, ¡ahora resulta!” fue la expresión de Adrián al escuchar al encargado. Nos disponíamos a retirarnos cuando él se detuvo mirando fijamente hacia la puerta. Parejas hombre-mujer, hombres solos, varios de ellos con tenis, entraban. Me dirigí hacia uno de los dos cadeneros vestidos de negro y cruzados de brazos que ya custodiaban la entrada. “¿Tienes algún código de vestimenta aquí o cómo es que funciona?” le pregunté al que se veía más joven y que tenía cabello largo muy rizado. Sin voltearme a ver y con una fingida actitud de superioridad contestó: “Mira brother, no es que no puedan entrar por que él trae tenis, sino que tu otro amigo viene con una actitud que no es la correcta” En ese momento, se acercó el otro empleado, el más viejo y que tenía una piel muy quemada por el Sol y dijo: “Si quieren pasar, pueden pasar todos, menos él” (Memo). De un instante a otro su criterio de aceptación había cambiado, ya no importaron los tenis, sino la “actitud” que mostrásemos ante ellos, guardianes inquebrantables de la puerta Caudillos. Ofendidos, mis amigos comenzaron a dejar el lugar.

En ese momento supe que al día siguiente estaría escribiendo estas líneas. Y qué mejor acompañamiento que el apoyo fotográfico. Al más puro estilo reporteril saqué mi teléfono celular y comencé a tomar fotografías de las personas y el lugar (me agrada provocar a los necios y sabía que eso los iba a alterar) El cadenero joven me dijo de manera serena que no podía tomar fotografías, ya que el lugar era una propiedad privada. Se le unió el viejo, pero con una actitud agresiva, gritando el absurdo: “¡No puedes tomar fotografías porque esto no es una propiedad privada!” y de un golpe en las manos me hizo bajar el teléfono celular.

Comprendí que en realidad él quería expresar: “esto es una propiedad privada”, “¿La calle es una propiedad privada? inquirí. “Déjalo que tome su fotografía” dijo un tercer empleado que se acercó a la escena por primera vez. “Tómame fotos a mí” me dijo un indigente que estaba a mi lado, haciendo poses graciosas y sonriendo ampliamente. Durante este embrollo, la actitud de los tres cadeneros cambió junto con las reglas: “Todos pueden entrar, menos él” (refiriéndose a mí). El circo en que se convirtió la situación se volvió insufrible y abandonamos el lugar.

En el mes de Junio se llevó a cabo la decimocuarta Marcha de la Diversidad Sexual en Guadalajara. Dicho evento sirve de escenario para que los antros, bares y lugares de entretenimiento dirigidos a la población homosexual en general, establezcan su imagen y posicionen sus empresas como “socialmente responsables” y comprometidas con la igualdad de derechos, el respeto y la diversidad. Entre dichos establecimientos estuvo presente Caudillos, con el mayor número de carros alegóricos, tres. Resulta curioso cómo una empresa que toma la bandera del respeto para fines de mercadotecnia no utiliza el valor en la práctica, realiza acciones de segregación y actúa en forma contraria a lo que se necesita para erradicar la discriminación.

lunes, 21 de junio de 2010

DÍA LIBRE


Esperé dos semanas a que este día llegara. En la escuela nos llevarían de visita al Museo Regional de Jalisco y vaya que era un gran evento, ya que no solemos salir en excursiones muy a menudo. Desde temprano en la mañana comencé a prepararlo todo: al salir de bañarme ya me esperaba en la habitación mi playera blanca, unos shorts amarillos y un par de calcetines cortos, todo esto acomodado como si yo estuviese tendido sobre la cama y me hubiese desinflado. Mamá aún preparaba el almuerzo para mis hermanos y yo. Además me armó un refrigerio para la tarde: una torta de jamón con crema, cebolla y jitomate, y para beber, un yogurt de fresa. Todo cuidadosamente acomodado en mi mochila roja con amarillo, esa que me gusta tanto usar en las pocas veces que nos han llevado a pasear. “No se te vaya a olvidar el permiso firmado” me dijo Mamá meneando el guiso de huevo con chile que cocinaba.

Elsa, mi hermana, la que sigue de mí y que ya va en la secundaria, tomó su mochila y se fue. Mi hermano Adrián ya no estaba en casa y yo seguía esperando a que Mamá terminara de hacer sus quehaceres para que me llevase a la escuela. Nueve años de edad, ya va siendo hora de que me deje ir a la escuela sólo, pero ella insiste en que es peligroso caminar esas siete cuadras para un niño de mi edad. Pero como todos los días, se le ocurre hacer mil cosas antes de salir de casa: dejar listo esto, comprar lo que falta, ir preparando aquello… Y como si fuese un ritual que hay que repetir día con día, ir al baño siempre antes de salir “no vaya a ser que me den ganas y luego no llegue a tiempo”

Y hoy no fue la excepción; ya eran las dos de la tarde y seguíamos en casa. Comencé a desesperarme un poco, pero me calmé a mi mismo pensando que no había razón alguna para preocuparse, total, muchos niños también llegan tarde y lo único que ocurre es que todos los demás les gritan fuertemente “¡Buenas noches!” desde sus lugares.

Minutos después salimos finalmente y Mamá sugirió que debíamos tomar un camión en lugar de ir caminando, como lo hacíamos de costumbre. La calle estaba algo vacía, poca gente y no había coches circulando, algo extraño para la calle en donde vivo. No me pareció que fuese a pasar algún camión pronto, pero Mamá se adelantó a mi respuesta y cambiando de parecer simplemente dijo: “Sí llegamos, mejor vámonos caminando”, como si me hubiese leído el pensamiento. Para ese momento mi grado de desesperación había ido ligeramente en aumento. Pasamos por la cremería de la señora Elodia “¿No quieres llevar un Yakult?”

Me pareció que no era momento de detenernos para comprar más alimentos, pero, un Yakult no era mala idea. Algunos minutos después y ya íbamos de nuevo camino a la escuela.

Las últimas tres calles antes de llegar se alargaron más de lo esperado. Que el autobús encargado de llevarnos al museo se fuera sin mí no me había parecido una opción tan probable como lo fue en ese momento. Me preguntaba si mis amigos ya estarían en la escuela, ¿Ya habrían entregado sus permisos para ir de paseo? ¿Alguno lo habrá olvidado, provocando que se retrase todo y sea él quien reciba las burlas en vez de mí? Julio vive muy cerca, seguramente ya habrá llegado. A Alejandra siempre la trae su tía, muy puntualmente. Tía que por años pensé que era su mamá, esa señora tan joven y malhumorada. Espero que Enrique no vaya porque de seguro se la pasará molestándome y haciendo bromas sobre mi estatura.

Con estos pensamientos estaba cuando vi pasar un camión blanco, grande. Era uno de esos que parecen estar hechos por completo de lámina, los que no circulan por las calles tan a menudo, esos que los maestros contratan para paseos especiales. Lo vi pasar frente a la escuela, transitar de lado a lado sin detenerse, hasta perderse de vista. Todavía a una cuadra de distancia Mamá y yo nos detuvimos repentinamente. No hizo falta que alguno de los dos dijese algo para entender que ese era el camión, que aún nos quedaba una cuadra por caminar, que ya era demasiado tarde y que se habían ido sin mí. Enojado, amargado y triste quería reclamarle a Mamá: ¿Por qué siempre te dan ganas de ir al baño antes de salir? ¿Por qué tienes que lavar los trastes antes de llevarme a la escuela? No se ofenderán y se irán a otra parte si los dejas sucios ¿Por qué le tienes que contar a mis tías todas las cosas vergonzosas que suelo hacer y decir sin querer? ¿Por qué siempre me dices que yo debería ser más como mi primo Lalo? él que aún siendo un niño es siempre tan cortés y educado en las reuniones familiares. ¿Y por qué caminas tan lento siempre?

Sí, quería reclamarle todas estas cosas y más, muchas más. Pero no dije nada, por otra parte ella se limitó a decir “Si no nos hubiéramos parado por el Yakult, sí hubieras alcanzado a tus compañeros”

Me ofreció llevarme hasta el museo, pero dije no. En realidad no me emocionaba la idea de ir al Regional de Jalisco, ni siquiera sé qué es lo que exhiben ahí. Lo que atraía mi atención era salir de la escuela entre semana, como pocas veces ocurría, cantarle las típicas canciones molestas al conductor y sobre todo andar por la calle con mis amigos, sin uniforme. Desde ese momento y hasta llegar a casa me dediqué a pensar cómo fue que todos en la escuela decidieron dejarme, así tan descaradamente: ¿se habrán preguntado por qué no llegué? ¿Alguno habrá sugerido que me esperasen un momento más? ¿Cómo la estarán pasando? Ya podía escuchar las bromas al día siguiente si alguien descubría lo que me ocurrió.

Esta ha sido una larga tarde en casa. Mamá está de nuevo en sus quehaceres, preparando algo en la cocina que hace sonar mucho el aceite y saca grandes nubes de humo por la ventana, seguramente estará cocinando papas a la francesa o enchiladas. No puedo ver qué es porque estoy aquí, sentado en la sala viendo Los Thundercats, comiendo yogurt de fresa y Yakult. Es tan rara la sensación de estar en casa a estas horas, ver en la tele programas que ni siquiera sabía que se trasmitían, fijar la mirada en el piso del patio, mirando cómo avanza el Sol de la tarde, de una manera en que hacía mucho tiempo no veía. Mi torta sigue empacada, le eché una mirada y descubrí que el olor a cebolla ya perfumó por completo mi mochila favorita. La torta luce aplastada, mojada y con una servilleta que se le ha pegado por completo. No la comeré; ese tipo de tortas no se hacen para comer en casa.

lunes, 14 de junio de 2010

NO QUIERO


Me tomó una hora despertarme por completo. De un lado para otro volteo mi cuerpo tratando inútilmente de motivarme a pegar un salto fuera de la cama. ¿Me pides que te cuente cómo es un día normal en mi vida? Lo que tengo son varias razones para no hacerlo: en primera, tengo mala memoria, por las tardes me resulta difícil recordar qué fue lo que desayuné si alguien me lo pregunta. La segunda, aún no puedo pensar, sólo siento. Me gusta la sensación de las sábanas que se pegan por completo a mi cuerpo, imagino las líneas que trazan sus hilos al tejerse unos con otros, como aparece en esos anuncios que venden detergentes para ropa. Poco a poco la lucidez cedida durante la noche vuelve a entrar en mi cabeza, dejando la almohada en la que la dejé encargada.

Nunca planeo las cosas con demasiada anticipación, me parece que pensarlas diez minutos antes de hacerlas es más que suficiente, así salen frescas y de efectos impredecibles. Este estilo de rutina tendría que resultar en una vida llena de emociones y actos insospechados. Pero la verdad es que no: todos los días transcurren sólo con diminutas diferencias.

Y ahora, ya que me lo pides haré una excepción y trazaré un camino de lo que será mi jornada: Me levantaré por el lado izquierdo de mi cama, como cada día, me pondré los shorts que dejo siempre en el sillón y saldré de mi habitación a buscar algo de comida. Sobre la estufa encontraré dos cazuelas de barro: una con frijoles y la otra con algún guiso que de seguro llevará chile en sus ingredientes, uno muy picante. Mi mamá se habrá ido a practicar deporte con sus amigas, pero teniendo el cuidado de dejar el almuerzo listo. Tal vez deje mi desayuno a medias, ¡Vaya que ese chile pica! muerde, quema.

Para ese entonces ya habré gastado bastante tiempo y tendré que apresurarme para tomar un baño y salir a prisa, no quiero perder el autobús de las diez veinte de la mañana y llegar tarde a la escuela.

Después de dos horas de camino, llegaré a la que ha sido mi segunda casa durante casi un año. Me gusta que mi universidad se vea pequeña desde fuera, pero que una vez entrando en ella parezca que se alarga hasta casi llegar al monte que se encuentra a sus espaldas. La luz del sol que se refleja en el pavimento suele nublar mis ojos, así que caminaré pronto y sin detenerme para evitarme la incomodidad.

Siempre tengo hambre. Una vez que llegue al salón me darán ganas de ir a la cafetería por unas galletas y una vez allí me apetecerán unas papas fritas del autoservicio de enfrente. Después, unos tacos al pastor, o tal vez ir a comer a la casa de mi amiga Monserrat, que queda cerca, que siempre nos recibe tan amable y que tiene una cama a la que no puedo resistirme. Tal vez sea un cuento de las abuelas, pero a mí sí me ocurre: justo después de comer no quiero hacer otra cosa mas que dormir, pero no podré hacerlo, llegará el momento de volver a clase por ese mismo camino que empaña la vista.

Será casi de noche cuando regrese a casa y deba viajar otras dos horas para poder quitarme la ropa y volver a ponerme el short que guardo en el sillón. Pero antes de eso, tendré que bajarme del autobús y caminar por esas calles al lado de la avenida que tan misteriosas características presentan: un alumbrado público que no hace del todo bien su trabajo, esa casa deshabitada que pretender demostrar lo contrario con una lámpara opaca encendida a la puerta, los talleres mecánicos custodiados por perros que amenazan con salir a atacar en cualquier momento. Seguramente me asustaré con mi propia sombra cuando sienta que ella se me acerca demasiado, como si fuese la de alguien más. Caminando, esquivando a las personas, ignorando sus historias, así hasta llegar a casa.

Sí, todo esto comenzará a suceder en cuanto ponga un pie debajo de la cama. Pero hoy he decido no levantarme, así no tendré nada que contar.